Archivo mensual: septiembre 2010

Los CDR de Fidel Castro y el Poder Popular

Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) fueron creados el 28 de septiembre de 1960, según anunciara Fidel Castro porque: “Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva…”.

Para conmemorar el 50 aniversario, el Comandante volvió al Palacio Presidencial, desde hace decenios convertido en Museo de la Revolución.  Al parecer  en su retorno a la vida, deseó  revivir la época de su esplendor y  el delirio de la multitud popular.  Pero  un anciano muy deteriorado leyó las partes más represivas y amenazantes del discurso de  entonces, y terminado el escrito improvisó con sus predicciones sobre la inminente guerra atómica.   La tribuna no fue la gran terraza de Palacio, sino una construida para la ocasión y el público movilizado se agrupó en la estrecha senda del parque frontal para dar la impresión de mayor cantidad,  apenas  dos decenas de miles.

Los CDR en cada cuadra han mantenido a los cubanos permanentemente escrutados y la Seguridad del Estado oportunamente informada.  Sin embargo, la participación de los ciudadanos en las guardias nocturnas y las actividades políticas son casi inexistentes, a pesar de que todos tienen que ingresar al cumplir 14 años, so pena de ser tildados de “desafecto” con consecuencias diversas, como su no admisión en la universidad o lograr determinados trabajos, fundamentalmente en el turismo. Desde hace tiempo,  los presidentes y otros directivos llaman en las casas  para garantizar asistencia a las reuniones ya  más espaciadas.

Año tras año se tiene que asistir a la fiesta de la cuadra para celebrar el aniversario.  Para garantizar el jolgorio, se ha entregado a cada CDR una cuota por el sistema de racionamiento para elaborar la “caldosa”, consistente en huesos de cerdo y tubérculos, así como cerveza y ron, pagados con el aporte de los cederistas.  Pero los abastecimientos han disminuido en la misma medida en que  los alimentos, el entusiasmo y la participación  popular se esfumaron.   Para el gran cincuentenario, desde días antes  se mantuvieron spots musicales en la televisión.  No obstante,  el ambiente no  estaba para gozo.

El 1 de octubre se inician las asambleas de rendición de cuentas de los delegados del Poder Popular en las circunscripciones, o sea en los barrios, cuyos CDR son los organizadores y encargados de arriar a los “electores” para garantizar la participación, mediante  una citación que deben entregar como confirmación de la asistencia.  Un proceso muy democrático que implica tener los ojos más encima, si no se entrega el papelito.

“Hoy más que nunca debemos convertir estas reuniones en un arma política de la revolución y un instrumento revitalizador de la democracia cubana”, según el semanario Tribuna de La Habana del 26 de septiembre.  “Está claramente definido que en la circunscripción son las masas las que ejercen el poder primario y han delegado su autoridad en ese representante que viene cada seis meses a rendir cuentas de su gestión…”, continuaba.  Puede inferirse la compulsión “democrática” y el ritual semestral de un “representante seleccionado” de una candidatura única, en una elecciones con asistencia  estrechamente controlada.

No obstante, en medio de una crisis general, complejizada por el anuncio de desempleo de 1 300 000 cubanos, iniciado con  500 000 en el curso de los próximos seis meses, y multiplicada varias veces por su incidencia en la familia, tanto los CDR como el Poder Popular tendrían que tomar otros rumbos.   Hasta ahora se aprecia el énfasis en el papel represivo de los CDR, y según concluye Tribuna de La Habana: “Cara a cara con sus electores, los delegados darán cuenta de lo realizado en el último período, ofrecerán orientaciones sobre la actual coyuntura económica y social y recogerán los planteamientos de la población, lo cual exigirá de él esfuerzo, atención y creatividad y también de la unidad del barrio para seguir adelante con nuestro proyecto social.”  Usualmente lo realizado  es bien poco, las justificaciones abrumadoras y las orientaciones se leen.

En esta oportunidad, los planteamientos de  los electores podrían ser más “combativos”, por la incertidumbre sobre el futuro en quienes ya hayan perdido el empleo o teman perderlo, las afectaciones económicas,  las indefiniciones oficiales respecto a las perspectivas del trabajo por cuenta propia, la incapacidad de muchos para comenzar labores desconocidas, la carencia de financiamiento y los eventuales créditos, los nuevos impuestos, y las garantías de que el proceso no será revertido caprichosamente como ha sucedido muchísimas veces, con grandes pérdidas personales y  estigmatización social.

No menos llamativo resulta que los CDR, al igual que las otras organizaciones políticas y las llamadas de masa, no hayan anunciado el recorte de sus cuadros profesionales, oficinas, transportes, electricidad, dietas, viajes, etc.; en fin de toda la burocracia  de las supuestas organizaciones no gubernamentales inscritas en el sistema de la Organización de las Naciones Unidas, y que en realidad son tentáculos del Estado-Partido.   Es un contrasentido demandar del pueblo mayores sacrificios y mantener todo ese andamiaje.

En todo caso,  la propaganda en torno a los CDR y las asambleas del Poder Popular denota el fuerte aferramiento a los métodos impositivos. La sociedad cubana atraviesa un período muy difícil, en el que pueden incrementarse los delitos, la inseguridad ciudadana y la represión.  Las manidas consignas políticas no calan en el pueblo sumido en la miseria, descreído y urgentemente necesitado de incrementar los valores morales y cívicos.  Se requieren verdaderas ONG, y un parlamento que a todos sus niveles abandone la unanimidad demandada,  que analice y discuta los problemas de la nación y sus ciudadanos:    el libre intercambio de  opiniones, las propuestas valientes y la solidaridad para  procurar la solución entre todos los cubanos.

La Habana,  30 de septiembre de 2010

Miriam Leiva

Periodista Independiente

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Cuba, Reordenamiento Laboral, Oportunidades y Riesgos

Ante el radical empeoramiento de la situación económica cubana y la acumulación de todo tipo de problemas, el gobierno se ha visto forzado a emprender transformaciones de mayor calado, que a la vez que representan oportunidades para salir de la crisis, también comportan enormes riesgos, si las medidas no se toman coherentemente y con transparencia.

Se ha anunciado la racionalización de 1,3 millón de puestos de trabajo estatales, alrededor del 25,0% de la fuerza de trabajo ocupada. El proceso comenzó con el despido de 500 000 personas hasta fines del primer trimestre de 2011. Paralelamente, se anunció un programa para dar empleo a los ciudadanos “disponibles”, sobre el cual sólo se ha brindado información parcial. Así, serán creadas o ampliadas opciones como el arrendamiento, el usufructo, las cooperativas y el trabajo por cuenta propia -con la posibilidad de contratar mano de obra- rompiendo tabúes y dogmas que durante decenios obstaculizaron el desarrollo nacional.

El amplio reordenamiento laboral era una necesidad vital para la economía desde hacía mucho tiempo. Resulta imposible organizar centros de trabajo sobresaturados de empleados, con la consecuente improductividad, ineficiencia, altos grados de indisciplina y salarios reales insuficientes para vivir, como ha reconocido hasta el presidente Raúl Castro, lo que unido al sustancial descontrol existente promueve la corrupción y el delito.

La desvinculación de tantas personas, en condiciones de gran incertidumbre, afectará también a sus familias, creándose un delicado panorama social ya en la primera etapa del reordenamiento, puesto que directa o indirectamente la medida tendrá un fuerte impacto sobre la vida de millones de cubanos.

En el plano político, el paso indispensable pero arriesgado, confirma la inviabilidad de un sistema que condujo Cuba al desastre; realidad alertada desde hacía mucho tiempo por ciudadanos pacíficos, a quienes no se quiso escuchar y fueron represaliados con saña acusados de agentes extranjeros, no pocos encarcelados en condiciones infrahumanas y condenados a decenas de años.

A su vez, con el despido masivo de trabajadores queda evidenciada la falsa propaganda del régimen sobre la existencia del pleno empleo, con el propósito de aparentar un supuesto paraíso laboral; una falsificación insostenible actualmente, dada la gravedad de la crisis económica.

Lamentablemente, este doloroso proceso para toda la sociedad tendrá que vencer innumerables dificultades. En primer término, a pesar de que el Presidente anunció cambios estructurales y de conceptos el 26 de julio de 2007, poco se ha hecho hasta ahora. Por tanto, no ha habido una preparación adecuada para enfrentar el radical proceso de despidos, con pocas garantías para los afectados.

Que se conozca, no existe un cuerpo legal que sustente el programa de reordenamiento laboral, pues todo el tejido económico fue destruido a partir de 1959. Institucionalmente debieron darse pasos para ampliar el poder de decisión en los escalones administrativos inferiores, mediante la reducción paulatina del alto grado de centralización existente. Los organismos centrales debieron reducir sus dimensiones y transferir sus prerrogativas a niveles provinciales, municipales y de empresas en una mayor magnitud. Incluso algunos ministerios y organismos de la administración pública debieron ser eliminados o fusionados desde hace tiempo -como el ministerio del azúcar, hoy sin razón de existir- , o concentrados en un sólo ministerio los encargados de la economía, para realizar las funciones que hoy asumen varios, agilizándose la gestión del país, con una sensible reducción de los gastos administrativos y considerable eliminación de dañinos mecanismos burocráticos.

Asimismo, sigue sin solución la enorme fragmentación del mercado, con una diversidad sorprendente de precios para el mismo producto, y el mal de la doble moneda. Además, no se prepararon las condiciones para un indispensable mercado mayorista que abastezca a los cuentapropistas, arrendatarios y otros. Esto da por resultado que la economía continúe bajo una centralización excesiva y una agobiadora carga burocrática, llena de absurdas cortapisas y prohibiciones; escenario que de mantenerse, hará muy difícil la restructuración.

Por otra parte, la población siente una gran desconfianza ante la supuesta apertura. Esta actitud tiene su base objetiva en varias terribles experiencias vividas. La ciudadanía recuerda la “Ofensiva Revolucionaria” de 1968, y el aplastamiento de las pequeñas iniciativas privadas, que el propio Raúl Castro impulsó y que terminaron en 1985 con la “Política de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”. Así tampoco olvida “aquellas concepciones que condenaron al trabajo por cuenta propia casi a la extinción y a estigmatizar a quienes decidieron sumarse a él, legalmente, en la de década de los 90”, como subrayara el periódico Gramna el 24 septiembre pasado.

No puede soslayarse que durante casi 50 años la propaganda oficial dirigida por los sectores más conservadores del gobierno, profirió los peores insultos hacia las personas emprendedoras, calificándolas de ambiciosas y antisociales. Varias pequeñas aperturas y las ferias de artesanos terminaron en gigantescas represiones, como la tristemente recordada “Operación Pitirre en el Alambre” del Ministerio del Interior.

Muchos cubanos están conscientes de que dentro del gobierno y el partido comunista cada día tienen posiciones más importantes quienes defienden los cambios y las transformaciones, aunque en no pocas ocasiones con incoherencias, vacilaciones y temores. No obstante, también se conoce que los conservadores se resisten a abandonar los viejos métodos, pues ven en peligro su poder y los privilegios durante tanto tiempo detentados por ellos y sus familias.

Cuando se habla de cooperativas de productores y arrendamientos muchos fijan su mirada en las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) absolutamente controladas por la burocracia del Estado y apenas con poder de decisión, verdaderos desastres, improductivas y sacos sin fondos de los recursos de la nación.

Otro mal ejemplo ha sido las tierras otorgadas en usufructo. Pasados dos años, únicamente están en producción el 46,0% del más de un millón de hectáreas entregadas, debido en gran medida al exceso de mecanismos burocráticos para controlar los nuevos agricultores. Si se quiere que las nuevas formas de producción funcionen, no pueden ser dirigidas desde arriba. Las cooperativas deben formarse basadas en la voluntariedad, sin camisas de fuerza, con libertad para producir con sus propios esfuerzos y sin injerencias políticas.

En adición, se requiere un sistema tributario racional que no ahogue a los nuevos propietarios. El profesor Carmelo Mersa Lago ha señalado que habría que comenzar con niveles bajos de impuestos, que posteriormente podrán ser ajustados. En Cuba no hay una tradición en materia tributaria, porque este gobierno la destruyó y debe ser recuperada. A esto se agrega que los nuevos productores tendrán que comprar sus insumos a precios altos en el mercado minorista u otras fuentes. Si los impuestos son muy elevados, con el factor mencionado, muchas personas pudieran sentirse desestimuladas y otros quebrar rápidamente. Hasta tanto no pueda contarse con un mercado mayorista, y sedimente la experiencia del pago de impuestos, debería adoptarse esa recomendación.

Por otra parte, no se conoce que se haya elaborado un sistema contable sencillo, que permita sentar las bases del sistema tributario, lo cual pudo haberse previsto. Si en esta cuestión no se procede con sensatez, pudiera suceder que muchos nuevos empresarios opten por mantenerse en el mercado subterráneo para evitar ser asfixiados por los altos precios minoristas y excesivas tributaciones. La tarea de dar empleo a tantas personas nunca será fácil, mucho menos con la implementación de políticas erradas que pudieran dar por consecuencia elevadas tasas de desempleo e inflación, elementos que en las condiciones cubanas, ya marcadas por un demasiado largo período de menesterosidad y frustración para la mayoría de los asfixiados cubanos, podrían propulsar serias convulsiones sociales con todas sus perversas consecuencias.

También preocupa el concepto de idoneidad. Hasta el momento, se había utilizado en el turismo y la contratación de personal para empresas extranjeras, priorizándose la subordinación a la política del Estado-Partido. Esa práctica debe ser desterrada totalmente, y prevaler la capacidad y productividad de las personas. Todos conocen que los sindicatos son totalmente controlados por el gobierno, por lo cual los trabajadores deben velar para que el proceso se realice con la mayor transparencia y ética posible, de lo contrario podría incrementarse la irritación que ya de por sí concita la masividad del despido.

Este proceso indispensable para terminar el desorden laboral, siempre tendrá gran complejidad y será doloroso. Se acomete en momentos de grandes dificultades económicas; no hay capacidad financiera ni para devolver parte de los fondos de las empresas extranjeras depositados en los bancos, y se rumora que importantes socios comerciales podrían eliminar el seguro al crédito y a las exportaciones. El comportamiento de la economía es muy preocupante. La inversión en 2009 cayó en un 15,0% y volvió a disminuir en el primer semestre de 2010 en más del 14,0%, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE); una situación que profundiza el proceso de descapitalización presente desde los inicios de los noventa, con una pronunciada incidencia en la destrucción de puestos de trabajo y la imposibilidad de la creación de nuevos en la medida necesaria.

Por tanto, resulta insoslayable la máxima seriedad, responsabilidad y sobre todo sentido común para que no fracase este intento de reordenamiento laboral. Hay que abandonar las tendencias controladoras con propósitos políticos. Hoy no cabe hablar de actualizaciones de un sistema económico, político y social absolutamente disfuncional. Es hora de transformaciones radicales y de reconocer los enormes errores cometidos en la conducción del país durante decenios.

La Habana, 27 de Septiembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe, Economista y Periodista Independiente.

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Carta al Presidente Mujica de Uruguay

La Habana, 21  de septiembre de 2010

Excmo. Sr. José Mujica

Presidente

República Oriental del Uruguay

Señor Presidente:

Respetuosamente nos dirigimos a Usted para expresarle nuestro agradecimiento por haber recibido a una delegación de exilados cubanos el pasado 7 de septiembre, quienes en un ambiente receptivo le explicaron la difícil situación por la que atraviesa nuestro país, y la necesidad de apoyo y solidaridad latinoamericana para lograr una transición pacifica hacia la democracia.

Con el triunfo popular de 1959 los cubanos albergamos muchos sueños de un futuro próspero y feliz, después de 7 años de tiranía.  Sin embargo, esas esperanzas se frustraron por las ambiciones de hombres que utilizaron el cariño del pueblo para entronizarse en el poder, desvirtuándose un proceso social que con tantos sacrificios fue apoyado por la inmensa mayoría de los cubanos.

Por ello, reconocemos su gesto como un mensaje de solidaridad y reconciliación para todos los cubanos.   ¿Quién mejor que Usted que pasó tantos años de duras persecuciones y cárcel injusta, por querer la libertad de sus compatriotas?  Una persona que al asumir la primera magistratura de su país, envió un llamado de concordia a sus adversarios y de cooperación a todos los uruguayos en bien de la patria, dejando atrás el pasado y poniendo énfasis en el futuro.

Presidente Mujica, hoy Usted se ha convertido en un referente político para los pueblos latinoamericanos, muy en especial para nosotros los cubanos que nos esforzamos actualmente por lograr una patria donde sean respetados los derechos humanos, se avance en democracia, y exista una real justicia social, en un ambiente de reconciliación nacional.

Su gesto, además, representa una lección para los líderes de la región.  Resulta penosa la conducta de varios presidentes que al visitar Cuba fueron insensibles ante el continuado sufrimiento del pueblo y el de los presos de conciencia y políticos pacíficos, encerrados durante muchos años en condiciones infrahumanas  por promover pacíficamente el progreso y bienestar de Cuba.

Aprovechamos esta ocasión, para agradecer también al Vicepresidente Sr. Danilo Astori y al Canciller    Sr. Luis Almagro, por haber recibido también a nuestros compatriotas.  Por iguales razones, deseamos reconocer la actitud democrática de líderes del Partido Nacional y el Partido Colorado.  Esta conducta de la clase política de ese país hermano pone muy en alto la civilidad y el nivel democrático de la sociedad uruguaya.

Estimado Presidente, le deseamos muchos éxitos en su alta responsabilidad, conscientes de que sus realizaciones no sólo beneficiarán a Uruguay, sino también al conjunto de las naciones de América Latina.

Con todo respeto, un abrazo para Usted desde el cálido Caribe, y saludos a su distinguida esposa, la Senadora Topolanski, también una firme luchadora por la democracia, la justicia social y el respeto a los derechos humanos.

Oscar Espinosa Chepe

Prisionero de conciencia de los 75, condenado a 20 años

Con licencia extrapenal por serias enfermedades

Economista y periodista Independiente

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Cesantia Inmediata de 500,000 Trabajadores Sacude la Sociedad de Cuba

Más del 70% de los cubanos nacieron después de 1959, y constituyen casi el mismo porciento de la población económicamente activa.  Crecieron escuchando que debían sacrificarse hoy para crear una sociedad próspera.  Las carencias serían pasajeras.  Pronto  tendrían más que el litro de leche diario  comprado hasta los 7 años por el sistema de abastecimiento. Los padres lograrían derecho a recibir un apartamento si trabajaban en la microbrigada de construcción. Algún día habría juguetes fuera del racionamiento.  Desde pre-escolar juraron: ¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che! Tenían que repetir consignas, y mostrar agradecimiento porque a cambio recibían la educación y la salud pública “gratis”.

Así de generación en generación.  Vieron secarse los grandes planes lecheros y desaparecer la industria azucarera; los juguetes venderse en las caras tiendas en divisas; las microbrigadas detenerse; las viviendas y cuartos atestados con los ancianos y los nuevos vástagos; los ínfimos salarios y pensiones pagados en pesos sin valor real; las mentiras para disimular los productos “luchados” para “escapar”  en la bolsa negra;  las ideas oprimidas para llegar a la universidad de los “revolucionarios”, o lograr una “tarjera blanca”, el permiso de salida de Cuba, que muchos añoran porque el gobierno dice que “si no te gusta esto, te vas”.   Tantos perdieron la vida procurando cruzar el Estrecho de la Florida, tantos han sido jineteras o presos comunes por vender unas libras de leche en polvo.   Otros expresaron sus criterios y propusieron soluciones a los problemas nacionales y fueron condenados a larguísimas penas de prisión.  Muchos han fallecido por los rigores de las inhóspitas cárceles, y también hubo muertos en guerras por el mundo.

El poder absoluto detentado durante 51 años ahora acusa a los cubanos de ser vagos, recostado a papá Estado.  Pero  el paternalismo lo creó ese gobierno totalitario, que inculcó la espera y la inercia en seres humanos  imposibilitados de ejercer su voluntad y decidir sobre su presente para construir el futuro según sus capacidades, calificación y creatividad.  En esta sociedad de pobres económicamente, sin experiencia  de trabajo y quehacer político independiente,  con valores morales y cívicos trastocados, 500 000 ciudadanos están siendo privados súbitamente de empleo, por el prácticamente único empleador hasta el momento: el Estado.  En el curso de 6 meses, ellos y sus familias tendrán que comenzar a “luchar” totalmente desprotegidos.  En total será  un millón trescientos mil personas en  tres años, según anunció el presidente Raúl Castro el 2 de agosto.

No caben dudas de que la crisis económica, política y social imperante en Cuba demanda cambios abarcadores y rápidos.  Hasta Fidel Castro reconoció al periodista Jefferey Goldberg: “El modelo cubano no sirve ya ni para Cuba”.  Incluso la educación y la salud pública son un desastre. Mientras el gobierno se tomó largo tiempo para definir sus intereses y prioridades,  ahora se precipita sin crear condiciones previas para  los desempleados que no tienen ahorros para afrontar el despido.   Requieren  licencias para trabajos por cuenta propia o abrir pequeños negocios, pero mover la nueva economía privada no será fácil por la burocracia, la carencia de recursos y la oferta de insumos, así como tener que abrir un mercado para clientes con grandes necesidades, pero sin poder de compra.

Simultáneamente, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) no explica a los “disponibles”  sobre sus gestiones –no realizadas- con las máximas autoridades para prevenir lo ocasionado durante tantos años, y ahora ayudarlos a afrontar tan duro golpe. En su Pronunciamiento del 13 de septiembre, informó sobre las medidas del gobierno, y expuso que: “Hoy el deber de los cubanos es trabajar y hacerlo bien, con seriedad y responsabilidad, lograr el mejor aprovechamiento de los recursos de que disponemos, para así satisfacer nuestras necesidades… Para el movimiento sindical y los trabajadores prestar la máxima atención a la reducción de plantillas, al proceso de disponibilidad laboral y al empleo, y lograr la adecuada utilización de los recursos humanos resulta tarea insoslayable…Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía, resultan contraproducentes, generan malos hábitos y deforman la conducta de los trabajadores.  Es necesario elevar la producción y la calidad de los servicios, reducir los abultados gastos sociales y eliminar gratuidades indebidas, subsidios excesivos, el estudio como fuente de empleo y la jubilación anticipada”.

Y continuaba: “El éxito del proceso que ahora se inicia dependerá del aseguramiento político que desde el movimiento sindical y bajo la dirección del Partido los dirigentes sindicales demos previamente a las acciones que se deben emprender, y del consenso social que alcancemos  sobre la pertinencia económica y política de este paso.”  Anunció “…nuevas formas de relación laboral no estatal como alternativa de empleo: entre ellas están el arrendamiento, el usufructo, las cooperativas y el trabajo por cuenta propia, hacia donde se moverán cientos de miles de trabajadores en los próximos años.  Dentro del sector estatal solo será posible ir cubriendo las plazas que resulten imprescindibles, en labores históricamente deficitarias de fuerza de trabajo, como la agricultura, la construcción, maestros, policías, obreros industriales y otros…Favorecer que la organización sindical en cada nivel de dirección contribuya al cumplimiento de esta política garantizará la continuidad de la construcción del socialismo cubano…”

El Pronunciamiento más bien parece un llamamiento del Partido Comunista y el gobierno.  Sucede que la CTC es una organización financiada por el Estado, y su secretario general es miembro del Buro Político del único partido existente. Habría que suponer que en el proceso de “actualización del modelo económico” y la reducción de los 500 000 trabajadores se incluyan los presupuestos y  la burocracia de las supuestas organizaciones no gubernamentales, como la misma CTC, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, y muchísimas otras, y sea  iniciada por el partido, la Unión de Jóvenes Comunistas, la Unión de Pioneros y otras entidades políticas, que además tienen serias dificultades para crecer y movilizar a sus miembros y la población.

Todas esas organizaciones deberían  afrontar junto al pueblo la difícil situación que le viene encima.  Los cubanos no deseamos mayores miserias  y suicidios, ni aumento de los robos y la inseguridad ciudadana.  Pero si no se abren rápidamente  las posibilidades de ganarse el sustento honestamente, podría provocarse grandes tensiones en la sociedad, que no pueden resolverse con la represión, para las que el gobierno tiene preparadas sus tropas antimotines. La responsabilidad primera es de quienes ocasionaron el desastre; los militares tiene el deber de ayudar a una solución pacífica, y todos tenemos que garantizar un proceso justo y de cooperación entre los cubanos.  Ya no está en juego la destrucción material de Cuba, sino de su pueblo: la existencia de la Patria.

La Habana, 14 de septiembre

Miriam Leiva, periodista independiente

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¿Quo Vadis Venezuela?

Las elecciones parlamentarias en Venezuela,  previstas para el 26 de septiembre,  pudieran marcar un giro radical en su convulsa historia política reciente, convirtiéndose en el principio del fin del chavismo.  En esta ocasión se disputarán 165 asientos de diputados y, por primera vez en varios años, la fragmentada oposición presentará cierto grado de unidad, lo cual hace pensar que por el desbarajuste ocasionado por la administración del controvertido Hugo Chávez, el pueblo venezolano pudiera pronunciarse en esta ocasión por establecer un límite a  los abusos y desgobierno de un régimen demagógico, que amenaza con convertir a una de las naciones más ricas del planeta en una nueva Cuba, con su modelo totalitario y disfuncional.

Explicar los últimos 11 años resulta difícil, debido a las incoherencias y absurdos.  Cuando Chávez alcanzó el poder en 1999, aupado por un considerable movimiento político de cambio, con el apoyo masivo de una población defraudada por la pésima gestión de sucesivos gobiernos, el precio del barril de petróleo era de 10.40 US dólares en el mercado internacional.  A partir de entonces,  ha crecido hasta alcanzar un pico en julio de 2008 de 144 US dólares, con un descenso a finales de ese año a aproximadamente 40, volviendo a aumentar, manteniéndose actualmente a más de 70, o sea 7 veces el precio de cuando el chavismo alcanzó el poder.

La sustancial alza de la cotización del combustible significó  fabulosos ingresos financieros y debió suponer el robustecimiento de la economía  venezolana, pero los datos económicos muestran lo contrario.   En 2009, el Producto Interno Bruto (PIB) decreció en 3,3%, mientras que en 2010 la caída está prevista por CEPAL  en 3,0%, y se espera que en 2011 haya un repunte del 2,5%, el incremento más pobre de toda Sudamérica.  En tanto, las tasas de inflación han estado alrededor del 30,0% en los últimos años, lo que ha incidido  en el desplome del valor real de los salarios. Al mismo tiempo, en los 11 años de chavismo la moneda venezolana ha perdido el 90,0% de su valor. Incluso, la extracción de petróleo ha descendido extraordinariamente; si en 1998 era de 3,5 millones de barriles diarios, actualmente sólo es de 2,8 millones, de acuerdo a firmas consultoras venezolanas. Paradójicamente, PDVESA, la entidad encargada de gestionar el petróleo, aumentó su plantilla de 37 900 trabajadores al tomar el control el actual gobierno a 100 000 ahora; una historia muy parecida a la experiencia cubana en lo que fuera otrora la gran industria azucarera, hoy arruinada. En la Lista de Competitividad del 2010, editada recientemente por el Foro Económico Mundial, Venezuela ocupa el lugar 122, la posición más baja en  América Latina.

A estos datos se agrega un incremento muy serio del desabastecimiento de productos básicos, algo increíble dado las considerables reservas de divisas que debe atesorar la nación.  Asimismo han existido etapas de sensibles cortes de electricidad –tanto por sequías que han afectado la producción energética, como por el mal estado de las centrales termoeléctricas, que no han funcionado debidamente por la ausencia de una previsora política inversionista y la carencia de un  mantenimiento adecuado de las instalaciones disponibles.

En el plano social,  ha  aumentado enormemente la corrupción y la violencia. Si en 1998 había 19 homicidios por cada 100 000 habitantes, en 2009 llegó a 75, según  datos del Observatorio Venezolano de la Violencia, con lo cual Venezuela se ha convertido en el país más peligroso de toda América Latina.  Ocupa el lugar 122 de nivel de violencia después de Sudáfrica, según el Índice Global de Paz 2010 que evalúa a 144 países.

También ha habido un continuado deterioro en el plano político.  Las persecuciones contra la oposición se han incrementado y un número apreciable de cadenas de televisión y radio con distintos métodos se ha silenciado u obligado a reducir las críticas al gobierno. Si aún quedan espacios de libertad, es resultante de la vocación del pueblo venezolano por la democracia, que ha impedido hasta el momento la implantación de un sistema totalitario al estilo cubano.

El chavismo, por los delirios de grandeza del caudillo, se ha caracterizado por la sostenida intromisión en las naciones vecinas. Injerencia que ha ido desde el envío de maletas con dinero para influir en elecciones de otros países, hasta el sostenido apoyo a grupos narcoterroristas  –de lo que hay  abundantes pruebas-  como es el caso de Colombia.  Política demencial que ha provocado  serios roces,   incluido el peligro de confrontaciones bélicas.

Chávez ha tratado de enfrentar el creciente desastre económico, político y social,  con el empleo de una retórica chovinista y demagógica, pletórica de ofensas e insultos, al carecer de argumentos creíbles. Además, ha usado como herramienta política la importación de decenas de miles de técnicos cubanos, fundamentalmente en la salud y la educación  para beneficiar a sectores pobres en barrios marginales. Esto ha servido para hacer una fuerte propaganda sobre los supuestos logros chavistas, sin mencionar el costo que ha representado para el país.  Desde hace años a cambio de la cooperación se entregan alrededor de 100 000 barriles de petróleos diarios a Cuba, con precios y condiciones financieras especiales, otorgándose en adición importantes préstamos. Venezuela se ha convertido en el principal socio económico y comercial de la Isla; ha ocupado con su riqueza petrolera el lugar que tenía la URSS hasta 1989. Si a Cuba en estos momentos de graves dificultades le faltara la vital colaboración venezolana, las consecuencias serían devastadoras.

De los sueños y esperanzas que despertó el chavismo en el pueblo venezolano bastante se ha perdido.  Mucho de los originales compañeros del caudillo paulatinamente se han retirado de sus filas, convertidos en sus más  firmes opositores.  Desde el General Isaías Baduel, quien participó con él en la intentona golpista de 1992 y lo repuso en el poder en 2002 tras una momentánea pérdida, hasta  el pasado febrero la separación  del popular gobernador del estado de Lara, Henry Falcón, la cantidad de desafectos aumenta sin cesar.  Incluso aliados aún a su lado, como el Partido Comunista de Venezuela, se han negado a integrarse al nuevo Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y en reiteradas ocasiones han efectuado críticas a su gestión.

Las encuestas muestran el  descenso de su popularidad debido a sus continuos errores, prepotencia y una retórica vulgar y  agresiva.  El Presidente Chávez alcanzó sólo un 45,0% de apoyo en Venezuela en 2009, 20,0% menos que en 2006, mientras el 81,0% de los  encuestados indicó que la propiedad privada es indispensable para el desarrollo económico, según una encuesta del Latinobarómetro, prestigiosa organización sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile, que desde 1995 realiza estudios de opinión sobre cuestiones económicas, sociales y políticas en América Latina.  Además, la encuesta  mostró  que la imagen de Chávez en América Latina se ha deteriorado considerablemente, con únicamente un 40,0% de aceptación, a igual nivel que  Fidel Castro.  El líder con mayor simpatía fue Barack Obama con una aprobación del 70,0%, seguido por Luis Inacio Lula da Silva con 64,0%, Michel Bachellet cercana al 60,0%, y Felipe Calderón y Álvaro Uribe con alrededor del  55,0%; todos con crecimientos en relación con encuestas anteriores.  Los niveles de aceptación de Chávez y Fidel Castro fueron los únicos con significativos descensos de aceptación en el sub- continente.

De todo lo anterior se desprende que si las elecciones para diputados de la Asamblea Nacional venezolana son limpias y justas, las posibilidades de pérdida del control de la Asamblea Nacional por el chavismo  son altamente probables, lo cual podría tener resultados desastrosos para la economía cubana, sin que se haya preparado para enfrentar esta eventualidad.

La Habana, 14 de septiembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y periodista independiente

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Cuba, Timida Apertura en la Comercializacion de Productos Agricolas

Por el Acuerdo 6853 del Consejo de Ministros, del 24 de Junio de 2010, fue autorizada “…la comercialización de productos agrícolas en puntos de venta o kioscos situados en comunidades colindantes a carreteras o autopistas, en los que  venden sus productos agrícolas las formas de producción a las que se le asignen la administración de dichos puntos de ventas, luego de cumplir el contrato con el Estado…”.

En cumplimiento de lo establecido  en este  Acuerdo, las formas de producción y los concurrentes están sujetos al pago de impuestos, tarifas y otras obligaciones.  Por ello, el Ministerio  de Finanzas y Precios emitió la Resolución No.206 del 2010 el 23 de julio, donde se determina que a la venta de productos agrícolas en los puntos de venta o kioscos, provenientes de patios, traspatios y parcelas o que se acopian en lugares intrincados o de difícil acceso, o de las propias formas de producción que administran los puntos de venta, se les aplicará un impuesto del 5% sobre las ventas.

Asimismo la Resolución No. 206/10 establece que las formas de producción propietarias de los  puntos de venta o kioscos  cobrarán por el contrato de arrendamiento que suscribe con los concurrentes una tarifa de hasta el 5% de las ventas diarias.  Además, por la utilización de tierra estatal  para construir  puntos de venta o kioscos colindantes a carreteras y autopistas, aportarán al presupuesto del Estado mensualmente el 2% de las ventas diarias.  Las personas naturales que como trabajadores por cuenta propia ejerzan la actividad de vendedor de producción agrícola en estos establecimientos  pagarán  una contribución a la seguridad social de acuerdo a una tabla descrita en la  Resolución.

Aunque estos pasos pudieran aportar alguna flexibilidad a la rígida comercialización de los productos agropecuarios, por sus prohibiciones, limitaciones y la permanencia de una serie de mecanismos de gestión obsoletos,  la medida no resolverá la grave situación del acopio y posterior comercialización de los productos provenientes del campo cubano.

Las llamadas formas de organización   que  administrarán los  puntos de venta o kioscos  son  las mismas organizaciones estatales o supuestas cooperativas autorizadas actualmente, por lo que todo se mantendrá controlado por el gobierno.  Persiste la obligación de vender al Estado al precio que fija para los productos, casi siempre  por debajo de los existentes en el mercado. Como se conoce, los campesinos tienen que entregar al Estado alrededor del 70,0% de su producción agrícola como condición para que puedan vender sus excedentes de forma libre y obtener ingresos superiores.

Aunque parece que habrá ciertas posibilidades para  que los agricultores de zonas suburbanas puedan llevan sus productos a los  puntos de ventas o kioscos ahora abiertos, nada indica que los esquemas de acopio tan dañinos a la agricultura cubana serán modificados sustancialmente.

El mayor problema de la agricultura cubana es la falta de producción y productividad.  Sin embargo,   la carencia de abastecimiento de alimentos nacionales también es una consecuencia de las dificultades en el acopio y  posterior comercialización de los productos, incluida  la venta al detalle. Gran cantidad de productos por deficiencias de acopio no se recogen en los campos y se pierden.  Los colectados, después tienen enormes mermas por la inadecuada manipulación y las enormes demoras en el traslado, que originan la pudrición de un elevado porcentaje de  productos  perecederos. Aquellos ofertados a los   consumidores llegan generalmente con una ínfima calidad.  En esto incide  negativamente el burocratismo en el proceso de comercialización, que, entre otras cosas, retarda el ajuste de los precios  a las realidades del mercado, y cuando esto se hace ya el daño está consumado.

Por supuesto hay otros factores, como la falta de capacidad de procesamiento industrial de los productos agrícolas, con escasas instalaciones que, además, trabajan con equipamiento anticuado, muchas veces en condiciones antihigiénicas, donde los obreros por lo regular trabajan artesanalmente, con baja productividad y en pésimas condiciones laborales. Así  frecuentemente  partes considerables de cosechas se pierden, como sucedió con la de tomate en 2009, debido en apreciable medida a la inexistencia de una ágil  rebaja de los precios que habría permitido un consumo más elevado por la población y reducido las pérdidas.

Actualmente las producción de plátano vianda y boniato tiene significativas pérdidas en el campo y los patios de los centros de acopio, mientras estos alimentos habían faltado en los mercados en los últimos meses, en particular el plátano.  La situación es tan impactante, que ha llegado hasta la televisión.  Al divulgarse el escándalo, el precio del plátano vianda se redujo en dos tercios (de 1.50 pesos la libra a 0.50 en La Habana) y el boniato (de 0.40 a 0.20).  Esto podría haberse evitado, o disminuido los daños, si los productores y comercializadores –incluidos los detallistas- tuvieran libertad para enviar las mercancías hacia otros mercados y ajustar los precios sin esperar  decisiones superiores.

Dada la gravedad de la situación económica del país, las soluciones no se encontrarán a través de parches, sino mediante la transformación radical de los absurdos mecanismos productivos y comercializadores.  La agricultura demanda la entrega real de la tierra a los productores, con plena libertad para hacerla producir y el derecho de los campesinos a disponer del fruto de su trabajo.

Esto supone que termine la entrega forzada al Estado de los productos, sustituyéndose ese esquema fracasado por el pago de impuestos y contribuciones como se hace en el mundo entero.  Hasta tanto eso  se realice, los resultados obtenidos serán mínimos, al igual que lo sucedido con la entrega de las tierras en usufructo, proceso que a pesar de tener dos años, no ha logrado aumentar la producción agropecuaria.  Con tímidas e insuficientes medidas no se resolverá el grave problema de la alimentación de los cubanos.

La Habana, 8 de septiembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y Periodista Independiente

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Ataduras Tradicionales Profundizan la Crisis Cubana

El 5 de septiembre concluyó la programación para entretener a niños, jóvenes y mayores durante el período vacacional.  Las  actividades culturales y la programación especial en la televisión,  indispensables para bajar la tensión social, fueron muy publicitadas.  El día 7 comenzó  el  curso escolar, diferido una semana para concluir la adecuación de locales para los preuniversitarios que ya no serán obligatorios en el campo y otros, así como reestructurar el sistema educativo, finalmente reconocido el desastre ocasionado durante décadas.

Pero la presencia física de Fidel Castro desde el 7 de julio ha sido lo más novedoso.   De las Reflexiones pasó a visitas, reuniones con científicos nacionales y periodistas extranjeros, y  la  presentación del libro  sobre su guerra de guerrillas.  Reunió el 3 de septiembre a  estudiantes, fundamentalmente universitarios, a sus pies con el Alma Mater de fondo para tener la satisfacción de disponer nuevamente de una multitud, y ser transmitido por las televisoras y los medios de prensa internacionales al advertir a la humanidad sobre el peligro de la próxima guerra atómica.

Mientras tanto, no se abordan esos temas en los hogares y las calles.  Los cubanos están agobiados por sus calamidades diarias y no vislumbran soluciones.  La gente se exaspera, las discusiones por asuntos baladíes son permanentes y todos comentan que existe gran agresividad. El intenso calor y el ocio influyen. La violencia doméstica y el alcoholismo crecen. Las colas para el transporte son inmensas en La Habana, y en el interior los coches y carretones tirados por caballos tienen ya hasta rutas establecidas y precios fijos, que los potenciales pasajeros procuran vulnerar para garantizar los viajes. Los pensamientos se entrelazan entre la escasez permanente de alimentos; el dinero que no alcanza para comprarlos, y mucho menos para adquirir los caros zapatos, mochilas y útiles escolares que los hijos deben llevar al iniciarse las clases.

Desde el gobierno se pide al pueblo mayores esfuerzos para ser más productivos, a cambio de desempleo, con el respaldo del secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, que no reclama la eliminación de la burocracia,  la eficiente gestión de los dirigentes y la urgente legalización del trabajo por cuenta propia para crear empleo, así como mejorar la economía familiar y del país.

La priorizada agricultura refleja  el caos generalizado por el entramado de intereses, incapacidad y ataduras de un sistema inflexible.   Quienes  han disfrutado de  cinco decenios de voluntarismo se resisten a perder sus prerrogativas,  mientras elevan murallas contra los que están conscientes de las necesidades de cambio y también  se estrellan contra  la imposibilidad de tomar decisiones y la incapacidad organizativa.  Reportajes en la televisión muestran miles de toneladas de plátanos,  boniatos, ajos y otros productos en deterioro porque no son recogidos por las empresas comercializadoras y los agricultores no pueden llevarlas directamente al mercado.  Los responsables de cooperativas, granjas y agricultores privados argumentan que se han esforzado por cumplir los compromisos, pero los alimentos no llegarán o lo harán en mal estado.  Además, se reconoce que no se avanza en la entrega de  tierras en usufructo debido a la demora burocrática y a que no se ha autorizado la construcción de instalaciones ni se venden insumos para poder acabar con la maleza (marabú) y realizar las labores.  Hasta ahora los máximos dirigentes de la esfera continúan inamovibles.

Para “resolver” los problemas de la población se ha continuado sacando los pocos productos que permanecían en el sistema de racionamiento, con apreciables incrementos de precios y los mismos salarios y pensiones.  Si bien la llamada Libreta de Racionamiento sólo alcanza para una semana o 10 días, y ha sido fuente de burocracia y corrupción, muchos cubanos con bajos ingresos económicos al menos tenían algo garantizado. La última novedad ha sido la eliminación de la venta racionada de cigarrillos a personas nacidas después de 1954, que afectará aún más a los ancianos que los revendían a un precio algo superior para mitigar sus estrechos presupuestos.

El empobrecimiento, la ausencia de oportunidades para mejorar el nivel de vida, el hacinamiento habitacional, la corrupción generalizada, la prohibición de cualquier iniciativa personal  y la pérdida de valores morales son caldo de cultivo para el  incremento de la ilegalidad y la delincuencia.  La solución no puede ser más represión y cárcel sobre todo para los jóvenes, negros y mestizos que ya constituyen el grueso de la población penal.

¿En qué sentido Silvio Rodríguez señaló que a revolución le sobra la R para tener  “evolución”?  ¿Pensaría en que el régimen se reinventara para garantizar la dinastía?  Si ese fuera el caso, mal futuro para los cubanos.  Más vale creer que deseaba “mudar de conducta, de propósito o de actitud; desarrollo”.

Actualmente las autoridades procuran recomponer su imagen internacional y atraer inversiones.  Sin embargo, ni las posiciones de fuerza ni las promesas de medidas idílicas tendrán sustentación, si no se abre la economía, se libera la creatividad y la pluralidad de opiniones.  Garantizar soluciones es responsabilidad de los altos dirigentes de Cuba y ya se ha perdido demasiado tiempo.

La Habana, 7 de septiembre de 2010

Miriam Leiva

Periodista Independiente

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