Archivo mensual: junio 2011

EL “EXTRANO” CASO DE PUERTO RICO

Como todos los pueblos, el puertorriqueño tiene sus problemas y contradicciones. Pero ello no permite suponer que desee seguir el camino de Cuba, con el estruendoso fracaso de un proyecto que incumplió sus promesas

Oscar Espinosa Chepe, La Habana | 29/06/2011 CUBAENCUENTRO

El caso de Puerto Rico ha sido presentado por 22 años consecutivos ante el Comité de Descolonización de la ONU, en esta oportunidad por el eje La Habana-Caracas, con el apoyo de las satrapías de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

La discusión de este asunto en Naciones Unidas sorprende porque desde hace años se efectúan consultas electorales para definir el futuro de la hermana isla caribeña, con tres opciones: continuar como estado libre asociado a Estados Unidos, integrarse como un estado más a la unión norteamericana o la plena independencia. Las consultas tuvieron total garantías y libertad mediante votación popular, con el resultado de amplio apoyo a las dos primeras propuestas, mientras el independentismo no ha podido sobrepasar el 5 % de los votos. La opción de estado libre asociado ha prevalecido estrechamente, aunque se incrementan los puertorriqueños que abogan por el estatus de estado. Esto se evidenció en la elección para gobernador en 2009 de Luis G. Fortuño, miembro del Partido Nuevo Progresista defensor de la conversión de Borinquén en un estado más de la Unión.

El tratamiento del tema en las Naciones Unidas es aún más paradójico este año, ya que días antes de la reunión del citado Comité, visitó Puerto Rico el Presidente Barack Obama. En esta ocasión subrayó que su país respetará cualquier decisión que tomen los borinqueños en el nuevo referéndum en dos fases que podría celebrarse próximamente. Este planteamiento fue obviado en la prensa cubana, siempre dispuesta a desinformar y manipular la situación real en la Isla.

Por sus dimensiones, Puerto Rico tiene una extensión equivalente al 8 % del territorio de Cuba, posee una población de 3,8 millones de habitantes, y más de 4 millones residentes en Estados Unidos. El producto Interno Bruto (PIB) fue 98,3 miles de millones de dólares en 2010, según el Banco de Desarrollo Nacional puertorriqueño, cifra muy superior a los 64,2 miles de millones de Cuba ese año, anunciado por la Oficina Nacional de Estadísticas y calculado sobre bases diferentes al Sistema de Cuentas Nacionales de la ONU. El PIB per cápita es sustancialmente superior al del resto de los países de América Latina. Ciertamente su economía ha tenido percances en los últimos años como consecuencia de la crisis que, de una forma u otra, ha afectado al mundo en su conjunto, sin embargo en 2011 se evidencian claros signos de recuperación.

Debe apuntarse que si a principios del Siglo XX la estructura económica descansaba fuertemente en la producción azucarera, en la segunda mitad comenzó a cambiar radicalmente, destacándose el avance de la petroquímica, la industria farmacéutica y otras de alto valor agregado, y el amplio desarrollo de la industria turística, con más de 5 millones de visitantes anuales. De acuerdo con los parámetros del Banco Mundial, Puerto Rico se clasifica como un país de alto ingreso. Por otra parte tiene amplia resonancia en el mundo por la difusión de su cultura, con enormes puntos de contacto con la cubana, como consecuencia de relaciones históricas estrechas y valores muy cercanos.

Por supuesto, como todos los pueblos, el puertorriqueño tiene sus problemas y contradicciones. Pero ello no permite suponer que desee seguir el camino de Cuba, con el estruendoso fracaso de un proyecto que incumplió sus promesas; o el de la Venezuela de Chávez con su desgobierno, que lleva al “milagro” del desastre a una nación con inmensas riquezas petroleras. Menos aún pensar que deseen convertirse en una dependencia de los petrodólares de Caracas como los estados fallidos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Las ideas independentistas gozaron durante muchos años de la solidaridad del pueblo cubano. Pedro Albizu Campos fue un líder respetado. Su familia residió en La Habana, donde siempre recibió muestras de apoyo y simpatía. Nuestro cariño y cercanía se entrelazaron incluso con la presencia de puertorriqueños en las guerras de independencia donde alcanzaron los más altos grados. Asimismo participaron de forma prominente, junto al Apóstol José Martí, en la fundación del Partido Revolucionario Cubano, que en sus bases estableció como objetivo la independencia de ambas colonias españolas. Lamentablemente hoy el proyecto independentista no disfruta de la misma consideración. La culpa recae en ciertos dirigentes puertorriqueños vistos como meros seguidores de La Habana. Si al principio de la revolución cubana, el castrismo pudo haber tenido cierto sentido por las esperanzas generadas, actualmente al constatarse su abrumador fracaso, sólo provoca desdén y falta de legitimidad.

De todas formas resulta incomprensible que en Naciones Unidas, con tantos problemas que afronta la humanidad actualmente, se pierda el tiempo y recursos con esa burda manipulación. Hoy se requiere con urgencia profundizar la presión sobre los países violadores de los derechos humanos, como es el caso de Cuba, y los oscuros manejos de aspirantes a caudillos latinoamericanos, sin reparos en forjar alianzas con gobiernos tiránicos y sangrientos en otros continentes, como los de Irán, Libia y Siria. Es tiempo de dejar al pueblo puertorriqueño proseguir su camino hacia la autodeterminación y elegir su destino libremente, sin la injerencia de regímenes carentes de toda autoridad moral.

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MARATON DE ASAMBLEAS

Wednesday, June 29, 2011 | Por Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – Durante junio se efectuaron plenos municipales ampliados y asambleas provinciales del Partido Comunista con el fin de hacer cumplir los acuerdos del VI Congreso, bajo el denominador común de orden, disciplina y exigencia enunciado por el General Raúl Castro, según informaron los medios cubanos.

A diferencia de las cinco décadas pasadas, en las reuniones no repartieron banderas por sobrecumplimiento. Han estado concentradas en los resultados de las entidades productivas locales, con muy pocos logros y muchas deficiencias. Indudablemente es un esfuerzo desesperado para lograr producir con calidad y eficiencia, a fin de obtener ganancias, sustituir importaciones y exportar. Pero se parte del mismo presupuesto de los 52 años anteriores: el PCC dicta las pautas, supervisa y controla.

El ser humano no ha llegado al nivel de desarrollo y conocimientos actuales por las arengas de sus jefes ni la represión, sino por el incentivo, consciente o inconsciente, de que obtendrá mayores beneficios económicos, políticos y sociales para él, su familia y su comunidad o país. Para lograrlo ha seguido jefes talentosos y emprendedores. El poder absoluto de un grupo con un solo partido, planificación centralizada y rechazo a las leyes del mercado, retornaron los pueblos al sometimiento y el oscurantismo de la Edad Media; el feudalismo reencarnó en el totalitarismo socialista. Cuba tiene el triste privilegio de poseer uno de esos pocos regímenes sobrevivientes, y ahogada por la crisis, atraviesa la difícil etapa de tránsito, con el agravante de que los “mismos” no pueden superarse a sí mismos, y se niegan a abrir paso al “Iluminismo”, al “Renacimiento”.

El proceso en marcha no supera la rutina de los conocidos altos cuadros con amenazas y arengas, reiterativas de consignas en las que nadie cree, como “hacer de la crítica y la autocrítica una práctica cotidiana” y “hay que combatir”, a veces modernizadas con las exigencias de que “ustedes tienen que hacer más y mejor”, y la poco original frase de “sí se puede”. Raúl Castro definió que el partido no puede suplantar las funciones del Estado, pues su poder descansa básicamente en su autoridad moral y sus orientaciones solo tienen carácter obligatorio para sus militantes, mientras el poder del Estado parte de su autoridad material, de la fuerza de las instituciones, encargadas de exigir a todos cumplir las normas jurídicas que emite.

La confusión de estos conceptos, decía en el Congreso, deteriora la autoridad del Estado y el Gobierno, pues los funcionarios dejan de sentirse responsables de sus decisiones. Sin embargo, en la Constitución de la Republica se define el PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Esto implica que a través de él se determina toda la vida de la nación, por encima del sistema jurídico que le obedece incondicionalmente.

En las actuales reuniones se habla de problemas increíbles para un productor privado de cualquier otro país, que depende de los resultados de su trabajo y los de sus empleados, basados en la productividad, la calidad y la gestión administrativa y de mercadeo, para su bienestar y progreso, así como los de la sociedad y la nación. Después del congreso no se han realizado análisis y modificaciones en los organismos centrales del Estado, provincias, municipios y empresas bajo la conducción de sus directivos, donde Raúl Castro dijo que el Partido estaría representado, pero que serían presididos por el dirigente administrativo: “La opinión de la organización partidista es valiosa, pero el factor que determina es el jefe, ya que debemos preservar y potenciar su autoridad, en armonía con el Partido”.

De las informaciones publicadas se desprende que los dirigentes y los trabajadores, a nivel de centros de trabajos, tienen la culpa de todos los problemas, incumplimientos y corrupción. Ni en el proceso de estudio de los Lineamientos, ni en el VI Congreso del Partido ni en los dos meses transcurridos se ha analizado las incapacidades, deficiencias y gestión de los máximos dirigentes administrativos, que también lo son partidistas en primera instancia.

Se refiere la vergüenza expresada por la administradora de una unidad de producción agropecuaria en Remedios, debido al rendimiento cañero de 28 toneladas por hectárea (el promedio mundial alcanza alrededor de 70), mientras se pretende ignorar el proceso de desmontaje de la industria azucarera, porque se adujo que los costos de producción eran superiores al nivel mundial y resultaba más rentable importar, en lugar de esforzarse por abaratarlos.

Esto ocasionó la destrucción de la antigua mayor azucarera del mundo. Los responsables continúan en sus altos cargos, fueron enrocados o “se cayeron para arriba”. Hoy el café racionado nuevamente se vende mezclado con chícharo, pues ese renglón de exportación desde hace años se importa gracias al deterioro de los cafetales y la pérdida de las prácticas laborales de siglos.

El ganado está supuestamente en fase de recuperación, como todo lo que se ha perdido aquí, y se reconoce que las muertes no solo se deben al hurto y sacrificio ilegal de las reses, sino a la escasez de alimento por no prepararse para la sequía. Los problemas se repiten en todos los sectores, desde la Antillana de Acero en La Habana hasta la incompleta construcción del acueducto de Guantánamo iniciado en 2000. ¿Por qué no existe contabilidad en muchas empresas presupuestadas, y en gran parte de las entidades no es confiable? ¿Por qué no hay contratos, o se incumplen los pocos existentes?

“Exigiendo, sin formalismos, con combatividad, encabezando la batalla con exigencia, control y ejemplo personal de cada militante” de los núcleos del partido, es poco probable que se resuelva el desastre nacional.

Mientras no se develen las verdades; las responsabilidades sean compartidas; se apliquen las leyes a todos, y los cubanos puedan realmente decidir su hoy y su mañana, todo el proceso continuará siendo una estéril hipocresía. Hasta que todos participen con sus ideas en la confrontación democrática y aprecien provecho personal y social como resultado de su trabajo, el peso del Partido continuará cayendo en el vacío y la simulación. El apetito del poder es tanto, que no pueden ver el verdadero pollo del arroz con poll

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ELENA BONNER Y LOS DERECHOS HUMANOS

Monday, June 27, 2011 | Por Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – Se dice Elena Bonner, e inmediatamente pensamos en Andrei Sajarov. Dos eminentes defensores de los derechos humanos y símbolos de la lucha contra el totalitarismo del bloque soviético y el peligro inminente de una guerra nuclear.

Aunque las circunstancias comenzaron a cambiar a mediados de los años 80, hoy persiste el autoritarismo y la confrontación bélica en diversas formas y en muchos lugares del mundo. Lamentablemente, los cubanos hemos soportado 52 años de poder absoluto de un grupo, y nos encontramos en una etapa de probable tránsito, cuando estas dos recias personalidades pueden ser muy aleccionadoras.

La valerosa mujer falleció el 18 de junio, en Boston, a los 88 años. Nació en cuna de alcurnia bolchevique por su padre, un armenio criado en Tbilisi y líder revolucionario del Cáucaso, que llegó a miembro del Komintern (Tercera Internacional Comunista), pero fue purgado por Stalin y fusilado en 1938.

Su madre, revolucionaria, originaria de una familia judía de Siberia, había sido arrestada en 1937. Entonces la joven Elena se trasladó a Leningrado (San Petersburgo), y durante la II Guerra Mundial estuvo en el frente de batalla como teniente enfermera. Posteriormente se graduó de médico pediatra y en 1965 ingresó en el partido comunista, al que renunció en 1972. La invasión soviética a Checoslovaquia de 1968 la movió a reflexiones que condujeron a su acercamiento al proceso seguido contra los disidentes Tatiana Zaslavaia y Andrei Sajarov, en 1970. Se casó con Sajarov en 1972.

Sajarov (Moscú 1921-1989), físico que junto a Tamm elaboró la primera bomba de hidrógeno soviética, en 1961 se manifestó públicamente por la suspensión de las pruebas nucleares en la atmosfera. Conmocionó su ensayo “Ideas sobre el progreso, la coexistencia pacífica y la libertad intelectual” en 1968, que propugnaba el desarme nuclear, y en 1970 fundó el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en el que contó con la inspiración y el apoyo de Elena Bonner.

Mientras el régimen de la URSS procuraba desprestigiarlo, por su valentía en plena Guerra Fría y la gran represión a que fue sometido, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1975, el cual recogió su esposa en Oslo. Se opuso a la invasión rusa a Afganistán y fue confinado a la ciudad de Gorki (actual Nizhni Novgorod) en los años 80.

Pero la Unión Soviética estaba aquejada por la crisis evidente de su carcomido sistema, con caída en el crecimiento económico y el nivel de vida, aumento de la inflación y la deuda externa, escasez de alimentos y otros productos, que ocasionó protestas populares, depauperación moral, apreciable en el elevadísimo índice de alcoholismo, entre otros aspectos. Esto provocó las confrontaciones soterradas en el ocaso de la era Brezhnev entre los inmovilistas, ancianos con varios decenios en el poder, y mentes más abiertas, conscientes de que el país se estaba quedando atrás, que pronto dejaría de ser la segunda gran potencia y que el pueblo estaba harto de sacrificios en nombre de una revolución y una gran guerra patria que ya no podían invocarse para justificar los desmanes, la incompetencia y la represión.

En 1985, Mijail Gorbachov llegó a Secretario General del PCUS, y junto a otros dirigentes, comenzó los esfuerzos por modernizar. Uno de los primeros gestos de apertura fue la llamada telefónica a Andrei Sajarov, su liberación y traslado, de Gorki a Moscú, en 1986. Liberaron a los prisioneros disidentes y la mayoría se constituyó en fuerza de la sociedad civil emergente.

En diciembre de 1989 falleció el gran hombre, poco después de haber sido elegido miembro del Congreso de Diputados del Pueblo (Duma o parlamento). Afortunadamente no presenció el auge oportunista de Boris Yelsin. Elena Bonner continuó su vida comprometida con la defensa de los derechos humanos en Rusia y el mundo. En 2010 suscribió el manifiesto “Putin debe irse”; evidentemente motivada por el neo-autoritarismo desarrollado por el ex coronel de la KGB.

Para los cubanos, la pérdida de estas dos ejemplares personalidades no debe ser solo motivo para el homenaje, sino de encuentro con sus sacrificios e ideas, y meditación sobre las complejidades del mundo en que vivieron. Sería absurdo copiar, aunque sí necesario analizar las similitudes de los problemas, y cómo las decisiones erradas y los intereses personales pueden lesionar el curso.

En Cuba transcurren circunstancias propicias para el cambio real hacia el ejercicio de los derechos de cada ciudadano, sacar a nuestro país de la crisis general y enfocarlo hacia el progreso. Lo que ocurra dependerá de la voluntad y los esfuerzos de todos.
FOTO
Elena Bonner y Andrei Sajarov

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FOTO MELSON MANDELA Y MICHELLE OBAMA

It’s wonderful to see Mr. Mandela again. This photo June 21st 2011.

Es maravilloso volver a ver al inmenso Nelson Mandela. La
Primera Dama de Estados Unidos lo visito el 21 de junio.

Miriam/Oscar

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MEDIACION DELA IGLESIA, PUBLICADO EN PALABRA NUEVA

Por Orlando Márquez
omarquezh
Publicado el 22 de junio de 2011
Nota: Presentamos por adelantado este texto correspondiente a la edición de Junio de 2011 de Palabra Nueva, de próxima aparición.
Un fundamento en materia de comunicación social, y por tanto humana, afirma que nuestra opinión depende de nuestra información. Otros fundamentos, estos cristianos, invitan a no enfrentar a quien nos hace el mal, presentar la otra mejilla a quien abofeteó ya una, dar también la túnica a quien pide el manto, duplicar la distancia a caminar junto al que pide compañía en el camino, y dar, dar siempre al que pida, y dar de frente (Cf. Mt 5, 39-42). La humildad que demanda Jesús a sus discípulos no tiene comparación. No desconoce la presencia activa ni excluye una exigencia al valor personal. Pero la presencia se concreta camino del Calvario, y el valor personal se demuestra al cargar la Cruz.

En estos tiempos cualquiera emite una opinión, aunque no tenga una buena información, o no tenga ninguna. Es difícil resistir la tentación de ocupar un espacio en los medios de comunicación, a su vez propagadores, muchas veces, de una falsa comunicación, pues hoy suele vender más la opinión agresiva y denostadora, sea por error tomado de otros o calumnia intencionada.

Pero tanto el fundamento mencionado de la comunicación social, como los otros revelados en el sermón de la montaña, necesitan de la verdad, aquella que conviene y puede ser conocida. De manera que la opinión o información que se ofrece –del tipo y procedencia que sea, y desde cualquier medio de difusión– esté al menos mejor fundamentada, y aquellos que nos consideramos cristianos podamos conocer a cabalidad el peso de la cruz que se ha aceptado cargar.

Es oportuno, cuando ha transcurrido más de un año desde que se inició el proceso de diálogo entre la Iglesia y las máximas autoridades del país que ha tenido como uno de sus resultados la excarcelación de más de cien ciudadanos cubanos, referirse a estas excarcelaciones y expresar de modo sintético cuál ha sido el papel de la Iglesia. Después, es probable que se mantengan las posturas erradas y el rechazo a la verdad dicha, al menos la verdad que se puede decir en este momento desde la Iglesia, pero eso ya no podría considerarse ignorancia sino perversidad.

Cuando el cardenal Jaime Ortega, acompañado del canciller de la arquidiócesis monseñor Ramón Suárez Polcari, recibía el 1º de mayo de 2010 a un grupo de esposas de prisioneros cubanos conocidas como “damas de blanco”, se abría la posibilidad de un proceso de mediación de la Iglesia entre estas personas y las autoridades cubanas. Vale una aclaración, para usar la terminología adecuada en este caso. El conflicto se presentaba entre las autoridades cubanas por un lado, las que habían sancionado y mantenían en prisión a un grupo de ciudadanos opuestos al modo de gobernar de esas autoridades y que habían violado las leyes (una ley puede ser justa o injusta, pero a los efectos prácticos es ley, o precepto establecido que manda o prohíbe cosas); del otro lado los familiares de los presos: esposas, madres e hijas, quienes defendían y reclamaban la libertad de estas personas en nombre de la unidad familiar. En un momento determinado, al interceder el cardenal Ortega en contra del acoso a estas mujeres en las afueras de un templo católico, la Iglesia se convierte en tercera parte o actor que no ha sido invitado directamente, pero está convencida que le corresponde actuar para poner fin al acoso.

Cuando una de las partes –las autoridades cubanas–, responde positivamente al reclamo de poner fin al acoso y pide a la Iglesia que trasmita esto a los familiares, y al mismo tiempo demanda que estos comuniquen, por medio de la Iglesia, qué desean, se da el primer paso para la mediación, concretada cuando estas personas aceptan a su vez responder a la demanda por medio de la Iglesia. Ambas partes en conflicto se reconocen y comunican entre sí, indirectamente, con la mediación de la Iglesia. Aunque hay un vínculo filial o de sangre entre el grupo conocido como “damas de blanco” y los presos, sus reclamos e intereses son en esencia distintos, pues ellas demandaban reunificación familiar, mientras sus familiares presos reclamaban cambios políticos. Las autoridades reconocieron lo primero y no lo segundo. Por tanto, en ningún momento se planteó la posibilidad de una mediación entre las autoridades y sus opositores, pues no hubo reconocimiento ni comunicación mutuos. Por las razones que sean, y no es necesario indicarlas aquí, ese día no ha llegado.

Esperar o demandar que la Iglesia llevara a la “mesa de negociaciones” a quienes se oponen a las autoridades resultaba improcedente en este proceso. Negociación es un término que define otra manifestación. La negociación es el proceso por el cual las partes en conflicto buscan resolver sus diferencias, se reconocen mutuamente, y lo hacen sin necesitar la mediación de terceros.

Sin embargo, lo que la Iglesia sí ha hecho durante muchos años, es expresar su convicción de que es necesario escuchar a todos quienes en Cuba manifiestan interés en aportar ideas y esfuerzos por el bien del país. Esto no tiene que ver con posturas políticas, sino con convicciones filosóficas y éticas que están en la médula del cristianismo. Desde esta misma publicación se ha reproducido muchas veces este criterio, del mismo modo que desde esta y otras publicaciones católicas se expresó, en el momento oportuno, el desacuerdo de la Iglesia con los arrestos y largas sanciones aplicadas contra estas personas, aún antes de que sus esposas, hijas y madres, se organizaran para demandar su excarcelación desde los predios de un templo católico.

Dicho lo anterior, es posible adentrarnos sintéticamente en el desarrollo de los acontecimientos. Las “damas de blanco” presentaron al cardenal Ortega aquel 1º de mayo las tres demandas que querían comunicar a las autoridades cubanas: 1) Acercar a los presos a sus lugares de residencia, pues algunos cumplían sanción en provincias lejanas; 2) Liberar cuanto antes a los más enfermos, empezando por el preso Ariel Sigler Amaya; y 3) Permitir que sus seres queridos salieran de Cuba, aunque fuera solos, pues era preferible a tenerlos en prisión.

Se trataba obviamente de reclamos puramente humanitarios, no políticos, aunque tendrían posteriormente importantes connotaciones políticas dentro y fuera de Cuba. A pesar de que las presentes en la reunión eran cinco mujeres relacionadas directamente con solo cuatro prisioneros, afirmaron más de una vez que representaban a los 53 que aún quedaban en prisión de un total de 75 sancionados en el año 2003. Esto mismo fue trasmitido por la Iglesia durante el encuentro que el 19 de mayo sostuvieron, por un lado el presidente Raúl Castro, y por el otro el cardenal Ortega y monseñor Dionisio García, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia episcopal cubana. En esa reunión la parte gubernamental acogió el reclamo, y se comprometió a revisar esos y todos los casos sancionados por motivaciones políticas. Cuando el cardenal Jaime Ortega reveló en rueda de prensa estas y otras posibilidades que se abrían a partir de aquel encuentro, era evidente que algo inédito y novedoso comenzaba a tomar forma en Cuba (Palabra Nueva, Nº 196, mayo 2010).

Trece días después de ese encuentro, el 1º de junio de 2010, la Iglesia anuncia los primeros traslados de presos. Once días más tarde se anuncian nuevos traslados y la primera excarcelación bajo la condición Licencia Extrapenal del más enfermo (semanas después viajó a Estados Unidos). El proceso de mediación, cuyo objetivo era aliviar la situación de los presos y sus familias, comenzaba a dar frutos, y en ese momento España presenta su propuesta de acoger a los excarcelados que deseen trasladarse a aquel país. El 7 de julio, el gobierno cubano comunica a la Iglesia y a España –mientras visitaba la Isla el canciller español– que excarcelará a los restantes 52, y el 8 de julio se anuncian las primeras cinco excarcelaciones de quienes aceptan la propuesta de viajar a España con parte de su familia. Al revisar otros casos fuera de los 53 iniciales, como había dicho, el gobierno cubano excarceló finalmente un total de 126 prisioneros, 114 de los cuales viajaron a España con familiares (a ellos se añadió otro que ya estaba en Licencia Extrapenal), sumando cerca de 800 personas.

Aunque posiblemente conocía de antemano los deseos migratorios de muchos presos, las autoridades propusieron que fuera la Iglesia quien les comunicara su futura excarcelación y la propuesta de viajar a España. El cardenal Ortega personalmente quiso hacer las llamadas y hablar directamente con cada preso –por razones mayores en alguna ocasión delegó en otros la misión de hablar con los reclusos–, quiso escuchar personalmente sus inquietudes, pudo interceder y lograr visitas para los casos que deseaban consultarlo con la familia antes de decidir, pudo bendecirles y desearles lo mejor en la nueva vida que iniciarían en España, si esta era su decisión. Nunca intentó convencer a nadie de emigrar. De los 52, solo 12 dijeron que no deseaban viajar a España, y permanecen en Cuba. Unos pocos preguntaron si viajar era una condición para salir de la cárcel, a lo que el cardenal les respondía que no, y les aseguraba que serían excarcelados posteriormente, como ocurrió. Quienes aceptaban viajar, eran conducidos a un lugar y sus familiares a otro, separados, mientras se procedía con los trámites migratorios, en los que la Iglesia no tuvo participación alguna. Al llegar al aeropuerto los esperaban funcionarios de la Embajada y Consulado españoles quienes les preguntaban si salían de Cuba por voluntad propia y si este era el caso les pedían firmaran una declaración de conformidad, pues España no aceptaba trasladar a ninguno por la fuerza. Todos dieron su consentimiento y firmaron.

Por ello, es incorrecto afirmar que fueron forzados al exilio, u obligados a viajar como condición para no seguir en prisión. Más incorrecto aún es decir que el gobierno cubano y la Iglesia se aliaron para desterrar a estas personas. La mejor prueba contra esta afirmación, quizás, sean los doce que decidieron permanecer en Cuba. Puede decirse que, por compromisos o presiones familiares, o por la experiencia de casi ocho años de encarcelamiento en condiciones que solo ellos conocen, cualquiera acepta la propuesta. Pero es más honesto decir esto –y perfectamente comprensible– que acusar falsamente a otros de conspirar para lograr la expulsión del país de estas personas. A la postre, por increíble que pareciera al inicio, se cumplió precisamente lo que pidieron las mujeres que se reunieron con el cardenal Ortega el 1º de mayo de 2010. Y los gobiernos de Cuba y España sobrepasaron aquellos reclamos.

La mediación de la Iglesia, concretada en las excarcelaciones, no fue la solución ideal. Su propósito era lograr, mediante el diálogo, una salida a la gran tragedia de estas familias. No hay solución ideal en un conflicto prolongado y que ha implicado a tantas personas ubicadas en las más disímiles posiciones, con criterios diferentes muchas veces, en medio de debates y presiones políticas de alcance nacional, regional y global. Pero es bueno decir también que no fue una mediación neutra, sino bien comprometida, que tomó riesgos y aceptó estar en el epicentro del torbellino, teniendo para todos, de un lado y otro, una mirada pastoral y caritativa, la caridad cierta que todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. La caridad que nunca pasará, y permanece viva y dispuesta para toda oportunidad que la reclame.

Las leyes que llevaron a estas personas a la cárcel permanecen vigentes. Ahora, o en un futuro no lejano, es necesario que el país finalmente logre un espacio en el que las diferentes opiniones, intereses y criterios, puedan encontrarse y fundirse en un proyecto común y universal propio, no atado a intereses foráneos. Entonces, tal vez, no sería tan necesaria la mediación, pues estaríamos en presencia de una sociedad renovada que busca, mediante procesos francos y responsables de negociación, convertirse en la próspera y vigorosa sociedad de todos. Tal negociación aún no ha sido programada, ni se vislumbra en el horizonte, pero debe ser un propósito.

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NOTA DE PRENSA – ARZOBISPADO DE LA HABANA

Arzobispado de La Habana
Nota de Prensa
En las últimas horas, varias agencias de prensa han reportado sobre debates sostenidos en el Congreso de los diputados en Madrid, España, donde se discuten asuntos de política interna y externa de aquel país y durante los cuales, de algún modo, ha habido referencias a supuestas acciones del arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, en relación con el proceso de excarcelación de presos cubanos que viajaron a España en los últimos meses y sus consecuencias.

En esos debates, y según los reportes de prensa mencionados, el diputado español Teófilo de Luis habría expresado, entre otras cosas, que a los excarcelados cubanos se les “forzó al destierro en España”, lo cual le había sido dicho por “el propio cardenal Ortega”. En otro momento afirma el diputado que el mismo cardenal Ortega había viajado a Bruselas “mandado” por el gobierno cubano, para lograr la supresión de la Posición Común de la Unión Europea respecto a Cuba; sobre esto último no expresa que se lo haya dicho el cardenal ni revela ninguna otra fuente.

En cuanto al papel que la Iglesia desempeñó en el proceso de excarcelación de prisioneros en el último año, puedo adelantar que en próximos días, y desde medios propios, informaremos lo que nos corresponde como Iglesia. Puede afirmarse aquí, no obstante, que es absolutamente falso que el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, haya afirmado al diputado De Luis o alguna otra persona, que los ex prisioneros cubanos fueron “forzados al destierro en España” sin alternativas. En su conversación con los reclusos, el cardenal Ortega les informaba sobre su inminente excarcelación y les consultaba si deseaban viajar o no a España. Solo doce optaron por permanecer en Cuba y fueron igualmente excarcelados.

En relación con la visita que realizó el cardenal Ortega a Bruselas, Bélgica, el pasado mes de mayo, puedo afirmar que fue resultado de una invitación recibida desde la representación de la Unión Europea en La Habana, pues esa instancia deseaba conocer, de primera mano, sobre el proceso de diálogo iniciado entre la Iglesia y el gobierno cubano, y sobre las excarcelaciones y la mediación que desarrolló la Iglesia. Por tanto, es absolutamente falso afirmar que el cardenal Ortega haya viajado a Bruselas por orden, y en representación, del gobierno cubano. Nunca, durante todo este proceso, las autoridades cubanas han hecho a la Iglesia una solicitud semejante.

Orlando Márquez Hidalgo
La Habana, 16 de junio de 2011

Publicado en PALABRA NUEVA

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PROPIEDAD PRIVADA Y JUSTICIA SOCIAL

CUBAENCUENTRO | Cuba

Economía

La experiencia muestra que donde se suprimió la propiedad privada y se puso valladares a la iniciativa del ser humano devino el desastre y la involución en lugar del progreso

Oscar Espinosa Chepe, La Habana | 21/06/2011

“La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló, no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas. Ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas”.

“La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de todas las clases sociales de cuantas la precedieron, que tenían todas como condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes”.

Quizás algunas personas al leer estos párrafos piensen que salieron de la pluma de Margaret Thatcher, Ronald Reagan o Milton Friedman. Pues no. Son parte de la obra más significativa de Carlos Marx y Federico Engels, el Manifiesto Comunista, escrito a mediados del siglo XIX cuando el capitalismo como régimen social todavía estaba en su estadio primario. Cuando no se podía ni imaginar los niveles tecnológicos y los avances sociales logrados por este “imperfecto” sistema.

El capitalismo en ese siglo, con su ya pujante desarrollo, mantenía enormes inequidades e injusticias, que muy bien reflejaron autores como el inglés Charles Dickens y el francés Honoré Balzac, con jornadas de más de 12 horas de trabajo y una inclemente explotación, sin que los trabajadores pudieran organizarse en sindicatos. Gracias al avance social y las luchas obreras, los beneficios del crecimiento exponencial de la productividad del trabajo no solo han sido para los dueños del capital, sino también para amplios sectores de los trabajadores, lo que no significa que todos los problemas estén resueltos y aún se pueda avanzar más en el reparto equitativo de la riqueza. Máxime cuando quedan en el planeta áreas que están por alcanzar los logros obtenidos gracias al avance de la ciencia y la técnica.

Ciertamente hoy existen complicados momentos económico-sociales en distintos países donde persisten los efectos de la crisis global que irrumpió en el 2008. Las consecuencias son altas tasas de paro en varios países, e incluso serios problemas de insolvencia financiera en algunos que han demandado el apoyo internacional. No obstante, las consecuencias de esta crisis, que muchos previeron serían similares a la de 1929, no han sido tan graves. Por el contrario, muchas naciones, en particular del mundo en desarrollo, han emergido rápido y fortalecidas de la turbulencia económica. De todas formas a nadie se le ocurrió en los momentos más álgidos de crisis recurrir a la planificación centralizada y a la limitación forzada del mercado, incluidas China y Vietnam.

Así, los augurios de Marx y Engels —fundados en la realidad social que conocieron— sobre la depauperación absoluta del nivel de vida de los trabajadores y el inevitable fracaso del capitalismo víctima de supuestas contradicciones insuperables, no se cumplieron. El sistema capitalista ha sabido autocorregirse y adaptarse a nuevas condiciones; las crisis que ha soportado han sido aprovechadas como momentos de cambio para reordenar su potencial y hacerlo más eficiente y sólido. Con ello se cumple paradójicamente la aserción de Marx y Engels que “la burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción y con él todo el régimen social”, a lo cual habría que agregar: sin destruirlo.

En cambio, la experiencia muestra que donde se suprimió la propiedad privada y se puso valladares a la iniciativa del ser humano devino el desastre y la involución en lugar del progreso. Cuba es un ejemplo práctico de lo que sucede cuando al individuo se le cortan las alas de la creatividad y no puede desplegar libremente su instinto de superación. Esto provoca estancamiento y luego la regresión económica y en todos los aspectos sociales, lo cual se traduce en miseria, penalidades, degradación e infelicidad de los seres humanos.

Por cierto, actualmente nadie con sentido común puede defender las ambiciones de avance personal, la propiedad privada y el mercado sin regulaciones. Las posiciones extremas neoliberales han demostrado ser tan inviables como las concepciones estatistas. La vida sugiere mecanismos que regulen las ambiciones y la propiedad privada para que sean instrumentos de desarrollo, y permitan a las personas con iniciativas beneficiarse, así como a toda la sociedad, evitándose las convulsiones sociales provocadas por la falta de oportunidades y una distribución de la riqueza sin equidad.

No se trata de elucubraciones vacías. El ejemplo de los países nórdicos europeos, Países Bajos, Suiza, Canadá y otros resulta irrebatible; han desarrollado niveles extraordinarios de riquezas e ingresos por habitante, y mantienen la equidad y la seguridad social más altos del planeta a través de un capitalismo con justicia social, que jamás pudieron tener los fracasados intentos del “socialismo real”. Pero no solo cabe mencionar países, sino también a seres de carne y hueso como Bill Gates que de estudiante talentoso y dedicado se convirtió en multimillonario y benefactor de la Humanidad. Con su impulso a Internet propició la conexión universal de las personas para compartir conocimientos y relaciones, así como ha contribuido a la sociedad con el pago de impuestos. Está también el relevante caso de Oprah Winfrey, que de origen súper humilde, a base de coraje y talento, se convirtió para bien de su país en una de la mujeres más acaudaladas del mundo, posición que le permite, al igual que a Gates y su esposa, invertir millones de dólares en proyectos de beneficio social en África y otras regiones atrasadas del planeta.

Estos ejemplos de éxitos y beneficios compartidos no se dan en Cuba, donde impera el concepto de que el progreso de los negocios privados es reprobable, y “está excluida la concentración de la propiedad en personas jurídicas y naturales”, con lo cual se bloquea el aporte de los individuos emprendedores y talentosos al desarrollo social.

Hoy es más claro que nunca que la iniciativa privada es indispensable para el desarrollo de las naciones, en un marco debidamente regulado, en combinación con la actividad pública, como factor indispensable para el progreso y la sustentabilidad de políticas de justicia social.

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