Los Cigarros Salen del Racionamiento

La eliminación de la venta racionada mensual de los cigarrillos a razón de 3 cajetillas de Titanes (tabaco negro) a 2 pesos y 1 de Aromas (rubio) a 2.50 pesos, por persona nacida después de 1954, a partir del 1 de Septiembre, es otra medida encaminada a disminuir los productos vendidos mediante la llamada “Libreta de Abastecimiento” impuesta desde 1962.

En 2009 había salido del racionamiento la papa y el chícharo, ofertándose en el mercado libre a precios considerablemente más elevados; así como se reestructuró a la baja la venta de sal. En enero de 2010, el azúcar disminuyó de 5 a 4 libras (3 refino y 1 cruda) al mes. Pasos que indican la eliminación paulatina del racionamiento, aunque en el caso del azúcar la decisión podría responder a la falta de disponibilidad debido a la crisis de la otrora primera industria en el país, la cual tiende a agudizarse.

De acuerdo con la regulación existente, había alrededor de 2,6 millones de personas con derecho a comprar las cajetillas de cigarrillos racionados, según datos oficiales a fines de año, por lo que el ingreso bruto anual obtenido hasta ahora podría haber estado cercano a los 262,3 millones de pesos. En adelante, los precios de los cigarrillos Titanes serán de 7.00 y Aromas 7.60 pesos, por lo cual con igual cantidad de cajetillas comercializadas ahora se recogerán aproximadamente 882.5 millones de pesos al año, un incremento neto de 620,2 millones de pesos.

Muchas personas de bajos ingresos vendían o cambiaban los cigarros comprados por el racionamiento para poder adquirir otros productos, y quienes tienen una adicción muy fuerte al tabaco podían financiar parte de su vicio pagando menos. Ahora esto termina, y los pequeños beneficios económicos que representaba la cuota desaparecen, lo cual agrava la ya tirante situación financiera de muchas personas. En estas circunstancias, son necesarias medidas compensatorias que eleven en alguna proporción los ingresos de los perjudicados por esta medida.

En las actuales condiciones de escasez y de muy limitada oferta de productos, el cigarrillo y las bebidas alcohólicas han sido utilizados durante décadas para retirar circulante en poder de la población. De acuerdo con cifras oficiales, en 2009 las bebidas alcohólicas, tabacos y cigarros comercializados en moneda nacional en la alimentación pública representaron 6,8 miles de millones de pesos para el 51,1% del total de las mercancías vendidas; mientras los comestibles fueron el 41,1%.

En estos datos puede apreciarse que las ventas de bebidas alcohólicas, tabacos y cigarros, fuertemente gravados por impuestos, representan ingresos importantísimos para las finanzas cubanas, aunque esa enorme dependencia sea negativa para la salud de la población y origine serios problemas como un preocupante índice de alcoholismo, que posteriormente incide en altos costos en cuidados de salud y sociales en general.

El racionamiento que cumplió 48 años en marzo pasado es un obstáculo para el desarrollo del país. Resulta un mecanismo injusto de distribución, porque los productos vendidos, que sólo alcanzan para los primeros días del mes, se entregan a todos los ciudadanos sin tener en cuenta si necesitan en realidad ayuda económica, subsidiándose erróneamente toda la población. Por otra parte, el racionamiento ha constituido una fuente de corrupción e ilegalidades; creándose al mismo tiempo una costosísima burocracia para mantener un sistema de distribución contraproducente.

No se puede soslayar que el sistema representa una enorme pérdida de tiempo y eficiencia en la comercialización de los productos, cuya venta es anotada en la “Libreta de Abastecimiento” por los empleados y obliga a los consumidores a mantenerse expectantes de la llegada de los productos; situación que en muchos casos ocasiona colas, pues las personas están forzada a comprar en un sólo establecimiento y aceptar resignadamente los malos tratos y eventuales engaños. Por tanto su paulatina desaparición en función de las posibilidades existentes es positiva y podría ayudar a aumentar la eficiencia en el comercio, con beneficios para los clientes que podrían optar por los comercios donde reciban el mejor trato.

Sin embargo, la desaparición del racionamiento debe estar acompañada de compensaciones a los sectores más débiles de la sociedad cubana, como son los pensionados, quienes dependen de la asistencia social y los trabajadores con bajos salarios. Por ejemplo, la pensión media mensual en 2009 era de 240.70 pesos mensuales (12 US$ o 10 pesos convertibles -CUC), cuando una bolsa de leche en polvo de producción nacional de 1 kilogramo cuesta 5.25 CUC. Ello podría hacerse mediante cierto incremento de las pensiones, los salarios más bajos y las ayudas a la asistencia social, sin descartar otros mecanismos como la entrega de bonos para la adquisición de alimentos a las familias en dificultades económicas, todo realizado en un marco racional y de acuerdo con las posibilidades.

La Habana 3 de septiembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y periodista independiente

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