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Expresion de Apoyo y Agradecimiento a la Iglesia Catolica de Cuba

Agosto 24th, 2010 – Reiteramos nuestro apoyo y agradecimiento a las gestiones que realiza la Iglesia Católica Cubana con el gobierno cubano, que han resultado en el inicio de la excarcelación de los 52 prisioneros de conciencia de los 75, de los cuales 25 con sus familias ya se encuentran en España y 1 en Estados Unidos, y ulteriormente de los demás prisioneros políticos pacíficos, en el marco de conversaciones en las que se han resuelto adicionalmente cuestiones delicadas, y que podrían extenderse a otros asuntos de gran importancia para el pueblo y la Patria. Aunque en ocasiones no hemos estado de acuerdo con posturas del actual gobierno de España, reconocemos su papel positivo en el acompañamiento de estas negociaciones y las facilidades brindadas para que los liberados se trasladen con sus familias a la Península. Vivimos tiempos que demandan de todos posiciones serias y responsables, para alcanzar una Cuba democrática y reconciliada.

La Habana, 24 de agosto de 2010

Miriam Leiva

Periodista Independiente

Oscar Espinosa Chepe

Activista de Derechos Humanos Prisionero de los 75, condenado a 20 años, Periodista Independiente con licencia extrapenal por serias enfermedades Economista y Periodista Independiente

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A Favor de la Sensatez

Con el inicio de la liberación de los 52 presos de conciencia del grupo de los 75, y el posterior anuncio oficial de que todos los prisioneros pacíficos cubanos también serán excarcelados, se ha dado un paso muy importante que potencialmente permitiría ir más allá de la reparación tardía de una enorme injusticia.

La permanencia de esos pacíficos luchadores por la democracia en las cárceles constituía un gran obstáculo para la creación de un ambiente propicio a las transformaciones económicas, sociales y políticas urgentemente necesitadas, así como representaba un valladar  insalvable para mejorar las relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y otros países democráticos.

Sin embargo, la eliminación de ese problema no significa automáticamente el comienzo de cambios, sino la creación de condiciones para ello.  El inicio de un curso democrático no resulta tarea fácil después de 51 años de totalitarismo.  Además, es obstruccionado por fuerzas dentro y fuera del gobierno, que por distintas razones se oponen a la reconciliación  y la apertura, y están dispuestas a realizar cuantas emboscadas sean posibles para impedir el avance gradual hacia la concordia y el entendimiento.

Independientemente de los análisis que se hagan para explicar porque las autoridades se dispusieron  a conversar con la iglesia católica cubana, resultante en el compromiso de excarcelar a todos los presos  de conciencia y políticos pacíficos, ello  representa un paso positivo.  Aunque en muchas ocasiones no hemos estado de acuerdo con  posturas del actual gobierno de España, es justo reconocer su papel positivo en el acompañamiento de estas negociaciones y  las facilidades brindadas para que los liberados se trasladen con sus familias a la Península.

Si bien  la solución definitiva de nuestro drama nacional es responsabilidad de los cubanos,  la comprensión y la solidaridad mundial son de gran ayuda.  Sería recomendable que la comunidad internacional  reconociera esa decisión de las autoridades cubanas, fundamentalmente Estados Unidos y la Unión Europea.  Es indiscutible que la solo liberación de los presos no constituye la solución total del problema cubano, son indispensable cambios en lo económico, político y social. Incluso de  mantenerse el asfixiante clima imperante, en un corto tiempo se llenarían nuevamente la cárceles, y la  represión podría ser aún mayor para tratar de sofocar la cada vez más creciente inconformidad popular.

Pero esto no resta importancia a lo realizado, por lo que es necesario un moderado reconocimiento internacional y gestos calibrados, con el objetivo de alentar al sector reformista, cada vez mayor dentro del partido y el gobierno.  Lo contrario serviría  de argumento a los elementos más conservadores  para justificar su posición inmovilista, bajo el pretexto de que haga lo que  haga el gobierno, la comunidad internacional se mantendrá indiferente.

Si antes de la liberación de los presos tenía lógica que los legisladores de Estados Unidos eliminaran la prohibición de viajar a sus ciudadanos y flexibilizaran la venta de alimentos a Cuba, hoy es más perentorio que esto se efectúe.  Al mismo tiempo, es necesario que se intensifiquen los intercambios culturales, deportivos, académicos, religiosos y de todo tipo con la isla.

Respecto a la Posición Común de la Unión Europea, debería analizarse tomando en consideración  no sólo la liberación de los prisioneros, sino también los resultados de la próxima reunión de la Asamblea Nacional y otros acontecimientos que eventualmente se produjeran después.  Quizás su examen en septiembre debería aplazarse para dar un margen de tiempo mayor a las conversaciones iglesia-gobierno y los cambios esperados.  Una decisión precipitada podría ser  prematura.  Además de posponerse la toma de decisión, podría acordarse un encuentro con el gobierno cubano para verificar  sus intenciones a corto plazo.  Una cosa sí tiene que garantizarse: la Unión Europea debe realizar contactos  con toda la sociedad cubana en ocasión de las visitas de los representantes de los distintos países miembros a La Habana.

La Habana, 25 de julio de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y Periodista Independiente

Miriam Leiva

Periodista Independiente

* Foto tomada de http://www.elpais.es

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Cuba, Conversaciones Alentadoras

Con  las conversaciones entre la Iglesia Católica Cubana y el gobierno, empezó un proceso esperanzador, coincidente con el agravamiento progresivo de la situación económica y social, con serios efectos políticos profundizados por la muerte cruel de Orlando Zapata Tamayo, tras una huelga de hambre, que puede conducir a la desestabilización y un escenario  de violencia.

Desde hace años, la Iglesia Católica Cubana ha procurado de forma discreta, y en variadas ocasiones  públicamente- como  fue el Mensaje de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba “El Amor todo lo espera”, del 8 de septiembre de 1993, que hoy conserva  total validez- la solución de los problemas nacionales y que prevalezcan la comprensión y la paz entre los cubanos.  Por ello, lo novedoso en esta oportunidad, es que el gobierno haya aceptado el sostenido reclamo y converse, así como  accedido a la petición de la Iglesia  de suspender los bochornosos “actos de repudio” y  no interferir en las marchas de las Damas de Blanco.

Según lo expresado por el Cardenal Jaime Ortega, las conversaciones han abarcado la liberación de los presos y las Damas de Blanco, lo cual fue publicado inusualmente hasta en el diario oficial Granma.  Esos detalles apuntan  a negociaciones serias entre compatriotas, que con posterioridad pudieran orientarse a temas de calado social más abarcador.  Por supuesto, no se puede augurar un éxito seguro a las conversaciones.  Aunque han sido recibidas con mucha simpatía por la población  y desde el exterior se reciben señales de apoyo,  existen  fuerzas interesadas en que fracasen.

Desde el interior del gobierno, los sectores más conservadores no desean reducir los niveles de represión y tensión en la sociedad.  Al igual que se oponen a cualquier tipo de reformas en el sistema, con seguridad opondrán obstáculos a procesos tendientes a la reconciliación nacional.  Lamentablemente, sectores autotitulados democráticos erróneamente, sutil o abiertamente,   obstruyen las conversaciones con posiciones extremistas e inflexibles, sin percatarse que con esas actitudes contribuyen a dar coartadas al sector inmovilista del Partido Comunista y el Gobierno cubanos.

Así se aprecian duros ataques al Cardenal Ortega y la Iglesia, exigiendo  acciones frente al gobierno, improcedentes para hacer avanzar cualquier negociación.  Artículos publicados allende los mares, dan la impresión de que el enemigo está dentro de la Iglesia Católica, como señalará críticamente el compatriota Yoel Prado en una carta publicada en el Nuevo Herald el 17 de Mayo. Estos virulentos fiscales a distancia, comprendidos algunos que no se les conoce ninguna actividad disidente mientras vivieron en Cuba,  olvidan que por decenios la Iglesia ha sido atacada por el totalitarismo, que llegó hasta a proscribir las fiestas de Navidades, mutándolas en celebraciones por el 1 de enero y el 26 de julio. Desconocen que de forma moderada y paciente, de acuerdo con las condiciones en la Isla,  ha tratado de lograr el progreso y la concordia, lo cual se puede leer en el libro “La Voz de la Iglesia en Cuba”, con varias decenas de documentos episcopales relacionados con incansables acciones emprendidas para encontrar el camino de la comprensión y la paz entre los cubanos.

Partiendo de análisis  desconocedores de las realidades internas, demandan de la Iglesia Católica Cubana iniciativas que quizás pudieron ser posibles en la muy católica Polonia, pero no en Cuba donde siempre ha existido una  religiosidad peculiar, debido al desarrollo histórico y cultural que nos distingue sustancialmente, incluso del resto de los países latinoamericanos.  El cubano es usualmente creyente, pero con particularidades en la práctica religiosa.  Aunque el catolicismo está en las bases de nuestra  nacionalidad, y hombres como el Padre Félix Varela y José de la Luz y Caballero fueron fundamentales en la forja de nuestra identidad, se debe ser realista de acuerdo con las condiciones actuales y no reclamar lo imposible.

La liberación de los presos políticos y de conciencia, además de su justicia y  sentido humano, abriría nuevas posibilidades para el avance de los cambios a que todos aspiramos para Cuba. Esta medida crearía  condiciones para el mejoramiento de las relaciones  con Estados Unidos y Europa. El Presidente Obama propicia el acercamiento a Cuba.  Ya ha dado muestras concretas.  Sin embargo, se ha visto imposibilitado de avanzar por falta de reciprocidad del gobierno cubano. En caso de producirse la excarcelación, se facilitaría a la actual Administración procurar pasos adicionales, con sustanciales beneficios para el pueblo cubano.  Igual cabría señalar en cuanto a la Unión Europea, que ha afrontado desde hace mucho tiempo la intransigencia mantenida desde La Habana.

En consecuencia, deben propiciarse los actuales esfuerzos de la Iglesia Católica Cubana, dejando de lado la intolerancia y el radicalismo.  Es momento de unión entre todos los cubanos, creyentes y no creyentes, residentes dentro y fuera del archipiélago.  Si bien no hay garantías de éxito y la cautela resulta aconsejable, tampoco deben crearse obstáculos que sirvan de pretexto para abortar las negociaciones.

La Habana,  2 de junio de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y Periodista independiente

* Foto tomada de: http://www.elpais.es

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Consenso Nacional Sobre Cambios en Cuba

Cambio era una palabra prohibida y perseguida como contrarrevolucionaria en Cuba hasta que en 26 de julio de 2007 el Presidente Raúl Castro reconoció la necesidad de cambios estructurales y de conceptos.

Hace 7 años, 75 pacíficas personas recibieron condenas de hasta 28 años de cárcel por expresar sus opiniones sobre la crisis política, económica y social, así como proponer soluciones. 53 continúan masacrados en prisiones, 9 con licencia extrapenal por motivos de salud pueden ser devueltos a ellas, y hay casi 200 prisioneros políticos pacíficos.  La crisis es muy abarcadora y profunda, pero el gobierno está “parapetado” en su intransigencia e inmovilismo, cuando debería excusarse, liberarlos y permitirles participar en un proceso de reconstrucción nacional.

Las autoridades necesitan su tradicional pretexto de la agresión extranjera, pero se les ha encogido la amenaza del imperialismo yanqui, por la política de apertura de Barack Obama hacia el pueblo cubano y de conversar sobre ciertos temas con el gobierno cubano.  Para colmo, el presidente es admirado porque evoca la imagen de un cubano, y con esfuerzo y oportunidades pudo llegar a la cima del país más poderoso y rico del mundo. La muerte de Orlando Zapata Tamayo demostró dentro y fuera de Cuba la insensibilidad y el desprecio hacia la persona humana, mientras la ciudadanía está cada día más decepcionada por las promesas incumplidas, la creciente miseria, las prohibiciones y la falta de esperanzas de un futuro digno.  El gobierno ha perdido el apoyo político, en tanto Raúl Castro auguró el despido de más de un millón de trabajadores, pero antes tienen que participar en el ritual de las elecciones municipales bajo la batuta de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), informantes de la Policía Politica; e ir al desfile del  1 de mayo, presionados por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que no  defiende sus intereses, sino las prerrogativas de la gran burocracia seudo sindicalista financiada por el “Estado Paternalista”.

Entonces la propaganda necesita urgentemente amplificar los enemigos.  ¡Todos contra la Unión Europea y la prensa internacional, al servicio del imperialismo yanqui!  Se incrementa la represión contra indefensas mujeres y pacíficos opositores.  Vuelven a poner a cubanos contra cubanos, arrían turbas en operativos conjuntos de la seguridad del Estado y la Policía Nacional Revolucionaria; autos, ambulancias, ómnibus, walky talkies y teléfonos móviles en mini maniobras antimotines, que pueden revertirse en motines descontrolados, heridos y  pérdida de vidas.  Es un macabro juego de la desesperación del poder que quiere seguir siendo absolutamente totalitario.

Pero la confrontación en las altas esferas, que no está segura de con quién puede confiar, porque en Cuba el que hable puede  hasta ser fusilado,  cala toda la sociedad.  Evidentemente, alguien poderoso promueve cambios; basta leer las cartas en el periódico Granma los viernes, o ver ciertos reportajes en la televisión, escuchar a los humoristas e ir al teatro.  Aquí quien no esté respaldado, no tiene espacio en los medios, aunque alguno se haya salido de los causes ocasionalmente.

No por casualidad el sitio de Internet de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) ha comenzado a colgar artículos.  Al famoso trabajo del profesor Esteban Morales, diciendo que la contrarrevolución está en las altas esferas debido a la corrupción y otros males, ha seguido la trilogía del escritor  Guillermo Rodríguez Rivera,  que parece no desear quedarse a la zaga  del “destape” para ubicarse en el grupo de los vanguardistas, con un  trabajo sobre los errores de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, que eliminó la pequeña propiedad, y con ella los servicios y pequeñas producciones complementarias. Si, la versión cubana de la Revolución Cultural china constituye una de las causas de la crisis actual.  Esa trascendente decisión del Comandante en Jefe tuvo que esperar 42 años para comenzar a ser enjuiciada.

Muy oportuna ha sido la entrevista al Cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, aparecida en la revista Palabra Nueva,  donde señala: “…Pero hay un denominador común fundamental en casi todos los opinantes: que se hagan en Cuba los cambios necesarios con prontitud para remediar esta situación.  Yo creo que esta opinión alcanza una especie de consenso nacional y su aplazamiento produce impaciencia y malestar en el pueblo.”

Indudablemente el clamor generalizado es cambio:  la liberación de los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos, el cese de la represión, el respeto a las opiniones diversas, el trabajo digno y productivo, la reconstrucción material y moral, la reconciliación, la paz y el amor entre los cubanos.

La Habana, 23 de abril de 2010

Miriam Leiva

Periodista Independiente

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