24 March, 2021 02:25

LA POLITICA DE BIDEN HACIA CUBA
El presidente Joe Biden buscará imprimir su propio sello a la política de Estados Unidos hacia Cuba, al tiempo que desmonte la profusión de medidas aplicadas por el presidente Trump, aniquiladoras de los nuevos conceptos de la Administración Obama, en los cuales él participó como vicepresidente.
Cuba no es una prioridad ante los acuciantes problemas domésticos e internacionales que afronta el mandatario, lo cual lamentan políticos, empresarios, comerciantes, e intelectuales de allá, asi como los cubanos de a pie sin remesas, visas ni “customers”. Entre los álgidos problemas que resolver están los presuntos ataques acústicos al personal diplomático y los vínculos Cuba-Venezuela, esgrimidos por Trump aunque obviados por Obama y Raúl Castro.
Los avances dependerán de la disposición del gobierno cubano a retomar un compromiso constructivo en las relaciones bilaterales. En Cuba se necesita el aflojamiento de las sanciones, profundizadoras de la crisis económica en progreso desde hacía años y la covid-19, que las autoridades cubanas añoran presentar como un éxito de la dirigencia continuadora en el VIII Congreso del Partido Comunista, los días 16 al 18 de abril próximos, si bien tendrán que esperar.
La reapertura de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, y la restitución del correspondiente personal diplomático serían beneficiosas para los intereses de Estados Unidos, al mantener contacto directo con la población a través de los viajes por todo el país, y viabilizar las relaciones de los empresarios, las instituciones con sus homólogos y los ciudadanos en los proactivos contactos pueblo a pueblo. La activación del Consulado restituiría los servicios y facilitaría la reunificación familiar, que han sido muy lesionados por tener los solicitantes que trasladarse a terceros países. El otorgamiento de visa de múltiples entradas durante 5 años repondría los viajes con regreso, en detrimento de la emigrar ilegal.
Las expectativas en las colas y las calles cubanas son que se reanude el envío de remesas. Sin embargo, existen temores de que el gobierno cubano imponga la entrega en pesos a una tasa ligeramente superior a los 24 pesos por dólar. La devaluación y la poca capacidad de compra del peso afectarían las posibilidades de mejoramiento económico y la calidad de vida de la población. Ello podría desestimular el envío. Como el gobierno necesita recibir dólares, se comenta que otra variante sería el depósito obligatorio en una cuenta bancaria en moneda libremente convertible (MLC), para comprar en las tiendas estatales en esa moneda. Además, con ello se impediría que el dólar circule y se trueque en el mercado ilegal. La Administración de Estados Unidos debería condicionar el reinicio de las operaciones de Western Unión y otras entidades, a que los cubanos reciban los dólares o el equivalente en MLC.
Probablemente el equipo de Biden y representantes del gobierno cubano establecieron conversaciones antes de la toma de posesión presidencial, por lo que ambas partes ya tienen criterios sobre las posibilidades de entendimiento, avance o estancamiento. Además, la parte norteamericana conoce las sinuosidades del gobierno cubano desde el anuncio de la novedosa política de Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014 y la ralentización de las medidas internas de coqueteo reformista a partir de mediados de 2015. Obama era la persona más admirada e influente en el pequeño archipiélago. El cambio de actitud de la prensa oficial, aun sin que el presidente llegara al aeropuerto para regresar a Washington el 22 de marzo de 2016, evidenció los temores de las autoridades cubanas a la repercusión de las palabras del mandatario entre los criollos y las esperanzas fomentadas. Desde entonces, la dirección de Cuba comenzó a dilatar las conversaciones con los altos funcionarios y empresarios estadounidenses, confiada en que podría obtener mejores compromisos durante los años de la presidenta Hillary Clinton. Pero llegó Trump, quien no obstante las sanciones aplicadas, no revirtió los 22 acuerdos y cartas de intensiones suscritos.
La política de Estado norteamericana hacia Cuba fue fijada por los Padres Fundadores, y su aplicación varía según los criterios del Partido Demócrata o el Partido Republicano en el ejercicio del poder. Durante 50 años fue confrontacional, lo cual modificaron Obama y Biden entre 2009-2017. Diversas iniciativas han sido elevadas al Presidente para la recomposición de las relaciones bilaterales, como la petición de 80 congresistas demócratas para la derogación de las sanciones impuestas por Trump, la renovación del compromiso y la firma de un decreto que ponga fin a las restricciones de viajes y las remesas, asi como las propuestas del Cuban Study Group. Los Derechos Humanos y la sociedad civil independiente deben formar parte de las prioridades, junto a los emprendedores y otras formas no estatales.
La Habana, 4 de marzo de 2021
Miriam Leiva
Periodista Independiente

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