30 January, 2021 01:40

CONFESIONES DE JOSE MARTI
Quiso el azar que José Martí y Manuel Mercado nacieran un 28 de enero, el Apóstol de Cuba en
La Habana de 1853, y el entrañable amigo y benefactor en el Michoacán de 1838. ¿Cómo olvidar
yo que por Usted tiene sepultura mi hermana, y que por Usted hallé trabajo a las pocas horas de
llegar a México, mísero y desconocido?, le escribió Martí en 1891.
El José Martí venerado por los cubanos ha sido utilizado desde su muerte según las
conveniencias políticas, mediante interpretaciones, escuetas citas sacadas de su prolífera
escritura, y no han faltado menciones idílicas a “la niña de Guatemala que murió de amor” o
desdén hacia su esposa Carmen Zayas Bazán, sin profundizar en asuntos tan complejos.
De Mercado sabemos por la asidua mención en Cuba a la carta inconclusa de Martí, escrita poco
antes de caer en combate. Las demás misivas salvadas, casi desconocidas, desvelan confesiones
íntimas del hombre de carne y hueso, con sus tristezas, las repetidas menciones a la muerte como
solución a sus decepciones y frustraciones, los padecimientos del hígado que lo mantenían en
cama sufriendo, las dificultades para mitigar la pobreza de la familia Martí Pérez, proveer a su
esposa e hijo, mal alimentarse, míseramente vestir, y escribir sus artículos y crónicas
periodísticas de madrugada casi sin luz, único tiempo disponible después de realizar su intensa
labor por la libertad de Cuba.
Martí confiaba a Mercado sus más íntimos sentimientos, “…vivo con el corazón clavado de
puñales desde hace varios años. A veces me parece que no puedo levantarme de la pena”;
“…desde el mismo mes en que mi hijo me dejó solo, en que para encubrir culpas ajenas se me
llevaron a mi hijo; y no he tenido en estos seis meses corazón para mover la pluma. Ni cuerpo.”
Por esas cartas se sabe sobre la proximidad de Martí y su padre, la dulce incomprensión de la
madre, el repudio al trabajo en el comercio al llegar a Nueva York y en cada ocasión que se
quedaba sin fuente de sustento; que destinó parte de sus ingresos al regreso de la familia Martí
Pérez a La Habana, procurarle adecuadas viviendas, y luego medios de vida, para lo cual
dedicaba los pagos de La Nación de Buenos Aires; su renuncia a cónsul de Argentina, Uruguay y
Paraguay en 1891, por sus relaciones con España, lo cual lo dejó casi sin medios de subsistencia;
sus desavenencias con Antonio Maceo y Máximo Gómez en 1884; las vicisitudes para publicar
cuatro números de La Edad de Oro y los proyectos malogrados.
Al llegar a México el 10 de febrero de 1875, esperaban a Martí, su padre y Manuel Mercado.
También el azar había convertido al mexicano en vecino de la humilde familia recién llegada de
La Habana, de donde emigraron para salir de la miseria, al perder Marianao su empleo. Acá
emprendieron la sastrería al por mayor para proveer al ejército y otros cuerpos armados. Mariana
murió del corazón, afectada por la altura de México, y Mercado donó un lote en el Panteón de
Campo Florido para evitar que los restos de Ana fueran llevados a una fosa común. La triste
noticia sobre su querida hermana recibió al joven.Manuel Antonio Mercado de la Paz (1838-1909) tuvo destaca participación junto a su familia en
la Guerra de los Tres Años hasta el triunfo de Benito Juárez. El comenzó la carrera política en
Michoacán, fue diputado al Congreso, y secretario de Gobernación, incluso durante el gobierno
de Porfirio Díaz. Por su recomendación, a través de los años Martí publicó en El Federalista, y
la Revista Universal y el periódico El Partido Liberal. El presidente Lerdo de Tejada,
continuador de Benito Juárez, fue desbancado por Porfirio Díaz en 1876, y la situación de Martí
se tornó peligrosa, por lo que decidió marcharse clandestinamente como Julian Pérez*) a La
Habana, a donde llegó el 5 de enero de 1877. De allí partió a Guatemala y solo regresó a México
para contraer matrimonio con Carmen y retornar a Guatemala. A pesar del amor por el país
azteca, transcurrieron 20 años hasta otra breve visita.
La amistad consolidada durante los dos años que permaneció Martí en México, se profundizó a
través de la intensa correspondencia, de la cual se conservaron 129 cartas que Alfonso Mercado,
hijo de Manuel, donó al Archivo Histórico Municipal de La Habana, con el compromiso de no
darlas a conocer hasta que fueran publicadas por la Universidad Autónoma de México en 1946.
El Centro de Estudios Martianos en Cuba las publicó en 2003.
La Habana, 27 de enero de 2021
Miriam Leiva
Periodista Independiente
*) José Julian Marti Perez. Utilizo sus segundos nombre y apellido.

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