PRIMAVERA NEGRA DE 2003, 75 PACÍFICOS CUBANOS

Condenas de hasta 28 Años por amar la Patria y a su pueblo.

(Foto)

OSCAR ESPINOSA CHEPE

Economista y Periodista Independiente cubano.

Prisionero de conciencia de los 75, condenado a 20 años de cárcel, por de la asonada represiva 18 al 20 de marzo de 2003. Chepe fue detenido el 19 de marzo.

Excarcelado el 29 de noviembre de 2004 debido a su crítica situación de salud, con licencia extrapenal que podía ser revertida en cualquier momento, cuando el gobierno determinara, si continuaba emitiendo sus opiniones y escritos, lo que hizo hasta poco antes de fallecer.

En 2010 recibió una propuesta de emigrar definitivamente a través de la Dirección Municipal de Inmigración de Playa. Chepe respondió que solo saldría de Cuba si podía retornar; no le concedieron permiso.

En marzo de 2013 viajó a Madrid para recibir tratamiento médico, con el propósito de regresar. La enfermedad hepática no tenía más posibilidad de tratamiento en Cuba. Ya no fue posible prolongar su vida.

Falleció el 23 de septiembre de 2013, en el Hospital La Fuenfría, Sierra de Guadarrama, Cercedilla, Comunidad de Madrid, luego de recibir óptima atención allí.

Pero regresó. Sus ideas y cenizas están en Cuba.

A continuación sus palabras:

Tomado de la entrevista concedida a Dimas Castellano, publicada 27 de mayo de 2009.

¿Qué efecto tuvo esa condena en una persona como tú que había dedicado toda su vida a la revolución y al socialismo?

–Fue muy duro, incluso hubo un momento muy delicado para mí, fue cuando me trasportaron para Guantánamo a cumplir la sanción. Hasta el gobierno de Batista hubiera sido más limpio en la forma en que me juzgaron, las acusaciones eran mentiras. Fueron tan burdos que me las dieron por escrito: que si yo era agente de los norteamericanos, cuando todo el mundo sabe que nunca he estado de acuerdo con la política de Estados Unidos hacia Cuba; que si tuve reuniones con varios congresistas norteamericanos, cuando ellos sabían que lo que yo le había planteado a esos congresistas era que quitaran el embargo. Eso fue una cosa realmente terrible. He llegado a la conclusión de que yo he seguido la línea revolucionaria y que es el gobierno el que ha estado en contra de esa línea, que se ha convertido en inmovilista, conservador y contrarrevolucionario, que no es ni nacionalista, porque en práctica ha dañado la identidad nacional, ha empujado a irse del país a millones de cubanos, y una parte considerable de la población que queda en la Isla anhela también marcharse.

– ¿Sientes odio hacia alguna de esas personas que te hicieron daño?

–No, yo trato de evitar el odio, porque te bloquea la inteligencia. Hay que buscar un punto reflexivo para tratar de entender, pues hay algunas cosas que no son fáciles de comprender. Yo he llegado a la conclusión de que en Cuba no puede haber una salida a la crisis sin la reconciliación. Esa es la única vía que tenemos los cubanos, como pasó en España, como pasó en Chile. Por supuesto puede haber justicia, -justicia para todo el mundo-, pero Cuba no tiene ninguna posibilidad de resolver sus problemas, si no es sobre la base de un compromiso nacional y de la reconciliación. Hay que buscar un compromiso. Mi idea es que podemos iniciar un proceso de diálogo que pueda terminar, como pasó en los años 30 con una nueva constitución que se parezca en su espíritu lo más posible a la de 1940. Ahora, la situación es tan grave que hay que tomar una serie de medidas como son el acceso de los campesinos a la tierra, ampliar el rango del trabajo por cuenta propia, permitir la pequeña y mediana empresa y después una Constituyente que siente las bases como se hizo en el 40 donde participaron conservadores, cristianos, comunistas, liberales, todo el mundo. Esa es mi propuesta.

¿Cuál es tu decisión, quedarte en Cuba o marchar al exterior?

Yo quiero quedarme en Cuba. Cuando salí de la cárcel estuve bajo una presión muy fuerte de mi familia para que me fuera. Tanto mi mamá, ya fallecida, como Miriam querían que me fuera, pero yo no quería irme. Si cedí en algunos momentos en eso, ya no quiero ceder más. Es muy triste estar en un país extranjero donde ya no es lo mismo que estar aquí. Además, creo que este es un momento muy interesante. Yo sigo con muchas dudas de que vayan a producirse cambios, pero creo que hay posibilidades de que los haya. Ahora mismo se ha producido un cambio grande de gobierno en Cuba, Raúl Castro se ha fortalecido y quizás esa sea una oportunidad para que él cumpla con la promesa que hizo de hacer cambios estructurales. Si Raúl Castro cumple con sus promesas de cambios –lo que muchos empiezan a dudar, dada la excesiva demora en comenzarlos– yo no voy a ser quien le vaya a poner zancadillas. Incluso si hay cosas positivas las voy a apoyar, eso lo he dicho y lo sigo diciendo. La única forma que veo en estas circunstancias es que el propio gobierno emprenda un cambio que pudiera comenzar por la economía, creándose las condiciones para posteriores transformaciones políticas hacia una plena democracia y el respeto de los derechos humanos, en un marco de reconciliación nacional.

¿Desde tu punto de vista cuáles serían los obstáculos principales para un cambio en Cuba?

–La primera es la voluntad política de ir avanzando de forma gradual. Yo empezaría por la agricultura, dándole la tierra a la gente, dándole facilidades para que puedan pagarla, donde la gente pueda asociarse sobre la base de la voluntariedad. El Estado puede mantenerse en determinadas áreas, en eso no hay una contradicción. Y bueno… cuánto va a ser el área privada y cuanto el área pública, eso lo dirán los resultados y las condiciones concretas. Yo creo que la actividad pública puede ser eficiente en la educación, la salud pública y otros sectores. Antes de la revolución en Cienfuegos los estudiantes venían de la escuela privada a la pública en la enseñanza secundaria y no lo hacían porque era gratis, sino porque tenía más calidad. Pero al mismo tiempo se puede permitir la enseñanza privada con determinadas regulaciones, como lo era antes de 1959. Cuando tuve que venir para La Habana fue para una escuela privada; de todas formas el Estado hacía exámenes de comprobación. No se puede caer en extremos. El extremo estatal cayó con el Muro de Berlín y el extremo neoliberal ha caído con la crisis actual. Ahora Obama quiere garantizar el seguro de salud a más de 40 millones de norteamericanos y mejorar la educación pública, por eso lo están calificando de socialista, eso es una tontería. Hay que promover las iniciativas privadas, son un decisivo factor de avance social y desarrollo económico, pero con determinadas regulaciones para evitar las ambiciones desmedidas, el enriquecimiento indebido.

En el 2003 se publicó tu libro Crónicas de un Desastre y en el 2007 se publicó Cuba, ¿Revolución o Involución? ¿Existe una relación directa entre ellos?

–Sí existe una relación directa, son recopilaciones de artículos que mantienen mis puntos de vista acerca de la génesis del drama cubano, las concepciones de cómo salir de la crisis y propuestas para la reconstrucción nacional, en un marco de reconciliación que deje a un lado los odios que por tanto tiempo han envenado a los cubanos. Se diferencian en épocas, Crónicas de un Desastre comprende una época y ¿Revolución o Involución? comprende otra. Yo diría que contienen una maduración del pensamiento, logrado por la meditación, el diálogo con otras personas, incluidas algunas con las que no coincido en variadas cuestiones, y los largos años de enfrentamiento al totalitarismo. Por ejemplo en el último libro hay una serie de artículos que hice sobre las Metas del Milenio, adoptadas por la ONU. Ello me llevó a realizar una significativa recopilación de datos, de estudios de la historia de la teoría económica cubana que demuestran que la Cuba de antes no era un desastre, como señala la propaganda oficial. Investigando he llegado a la conclusión de que efectivamente había serios problemas que lastraban el progreso nacional, pero Cuba había avanzado de 1902 a 1958 a pesar de los gobiernos y no por la voluntad de los gobiernos. La sociedad civil cubana avanzó en la educación y la salud pública. En esta última tenía en aspectos importantes una situación superior a países europeos, con indicadores como el número de médicos por habitantes, la esperanza de vida, la mortalidad infantil. Tanto en educación como en la salud había avances comparables con Europa, no con América Latina, donde los únicos países que se podían comparar con Cuba eran Chile, Argentina, Uruguay, quizás Costa Rica. Cuba no empezó en 1959, independientemente que después se hicieron grandes esfuerzos y que en la medicina y educación se llegó a favorecer a sectores que estaban marginados antes de 1959, sobre todo en zonas rurales. Lamentablemente, hasta esos avances, logrados por los esfuerzos del pueblo, están inmersos actualmente en un proceso de involución al carecerse de la indispensable sustentación económica.

– En el prólogo a Cuba, ¿Revolución o Involución?, Carmelo Mesa Lago dice: los documentados trabajos de Oscar Espinosa han inspirado e influenciado la obra de muchos economistas cubanos en el exterior ¿Qué significa para ti esa afirmación y cómo ha sido tu formación para alcanzar ese nivel de profesionalidad?

–Bueno a mí me enorgullece que una persona que admiro tanto y que pienso que es el mejor economista cubano vivo, que trabaja para organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, haya realizado esta evaluación sobre mi trabajo, eso para mí es algo muy alentador. Lo que yo he hecho es buscar datos, información, resumir, investigar sobre las propias cifras oficiales, buscando sus falsedades. Utilizar datos de CEPAL, de Naciones Unidas, de revistas extranjeras, de la prensa. Si vas a mi casa, vas a encontrarte miles de recortes de periódicos y revistas como El País o ABC, El Mundo, El Nuevo Herald, The Economist e incluso de factura oficial como Granma y Juventud Rebelde que se dedican a hacer análisis de economía y también de hechos sociales, históricos. Me gusta mucho la historia, lo que más me gusta es la historia, soy un fanático de ella, siempre tengo un libro a mano. Muchas veces veo paralelos en la historia de Cuba, muchas cosas parecen repetirse, por ejemplo la obcecación de España por no hacer reformas, por mantener una posición inmovilista, esa posición de no hacer nada en aquella época se convirtió en una de las causas fundamentales de las guerras de independencia. Y ahora aquí está sucediendo una cosa parecida, la obcecación del gobierno cubano hace que se cierren todas las puertas. Hasta ahora no hay peligro de estallidos, pero nadie sabe si esta situación se mantendrá.

– Tus trabajos contienen recomendaciones de importancia, pero el gobierno, que es quien puede implementarlos no los tiene en cuenta ¿qué importancia tiene tu labor?

–-Bueno yo me conformo con leer mis artículos por la radio extranjera, que alguien los escuche. Me conformo con saber que algunas personas los reciben por Internet, o los leen en periódicos editados en el exterior. Que algunas entrevistas que doy para la televisión de otros países llegan aquí, gente que te dicen, ¡te vi en la televisión! Estoy conforme con las copias que generosamente reproducen los amigos. Es el comienzo, estoy seguro que todo cambiará para mejorar. Un tiempo atrás no teníamos Internet, ahora con muchas dificultades la tenemos, quien sabe si el día de mañana también la pueda tener en mi casa.

– ¿Consideras que esa semillita en un momento determinado pueda germinar?

–La idea es esa, hay que sembrar para el futuro, quizás yo lo vea o no lo vea, pero modestamente estoy tratando de colaborar de forma independiente, porque tú sabes que yo no pertenezco a ninguna organización. Algunas veces me piden una colaboración y la doy, al que no la quiera no se la doy, y participo así dando mis ideas. Hago lo que puedo, incluso pienso, como tú dijiste, que mi trabajo puede ser útil al propio gobierno y sirva para conducir a Cuba hacia la democracia, yo no tengo inconveniente en eso, ojalá, y sin aspiración personal alguna.

– ¿Eres miembro de alguna organización profesional o académica dentro o fuera de Cuba?

–En Cuba de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que la prohibieron, muchos miembros están presos o están fuera, pero sigue existiendo y me considero parte de ella. Es una organización gremial de periodistas, no política. Colaboro en el exterior con una extensa lista de publicaciones digitales, así como algunas que con muchas dificultades se editan en Cuba. Del exterior algunos compatriotas me llaman para que les brinde mis criterios, son organizaciones serias, aunque necesariamente no coincidamos en todo. También colaboro estrechamente con la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana, hoy presidida por mi amigo y antiguo compañero de la universidad, el Dr. Jorge Sanguinetti. En los eventos que organiza esta importante organización académica -con sede en Estados Unidos- siempre soy invitado y participo con mis ponencias enviadas desde La Habana. Tengo la percepción de que el nivel de entendimiento de la situación política en la isla por parte de los compatriotas en el exterior evoluciona positivamente, al igual que madura la conciencia de la población residente aquí. Un proceso que va a beneficiarse con las medidas tomadas recientemente por la Administración Obama, al permitir un mayor acercamiento entre los cubanos.

– ¿Para ti cuál es la Cuba deseable y cuál la Cuba posible?

–Para mí la Cuba deseable es la que trazó en líneas generales la Constitución de 1940, me parece que esa Cuba responde al deseo expresado por José Martí de una República con todos y para el bien de todos. Ese es mi ideal de Cuba, donde sean compatibles las aspiraciones individuales, incluyendo la propiedad privada, la existencia del mercado como herramienta importante de distribución de los recursos, la competencia, las posibilidades de superación; con una participación pública importante que complemente la iniciativa privada, siempre sobre la base de un control democrático; que existan debates, partidos políticos, pero que no haya que esperar las elecciones para la toma de decisiones. Esas características las considero posibles. No creo que sea un sueño, es algo que otros han logrado y me pregunto por qué nosotros no podemos también obtenerlo con tesón, con inversiones fuertes en la educación, en la cultura, que preparen el terreno para avanzar hacia ese destino. Yo creo que en la historia, el pueblo cubano ha mostrado tener motivaciones, aspiraciones y puede llegar a eso.

¿Te sientes realizado?

–Yo me siento realizado, siento que estoy haciendo algo por mi país, que en determinado momento me ha sido difícil porque he recibido la incomprensión de muchos compatriotas, pero bueno ya en estos momentos estamos recibiendo la cosecha. El pueblo toma conciencia y muchos compatriotas se incorporan al movimiento de oposición; muchos intelectuales, gente valiosa que empiezan a coincidir con uno y eso realmente alienta mi trabajo, y como además no guardo odios, creo que el objetivo de la sociedad que quiero, de reconciliación nacional, ese concepto que lleva tantos años conmigo, está triunfando y eso realmente es reconfortante.

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