LA CASUALIDAD DENUNCIO AL CERRAJERO

En Cuba, el país del absurdo, se pagó a un modesto cerrajero 1 024 544.86 CUP, moneda nacional (46,719.24 dólares), y 30 964.75 CUC divisas (35 299.81 dólares) en el curso de un año (2013-2014) por trabajos no realizados. Si esto ocurrió en una empresa de correos del Municipio Marianao, La Habana, puede imaginarse lo que ha sucedido en todo el país durante decenios. Las causas son muchas, desde cuando a comienzos de la década de 1960 se eliminó la contabilidad, los contratos y operaciones bancarias, hasta la crianza bajo el engañoso trato del sociolismo –por carencias o corrupción-, el descontrol, la caída del poder adquisitivo del salario, la deformación de valores éticos y morales, la impunidad porque no se sabe dónde empieza la cadena y no se espera la detección y el castigo.

El desfalco se descubrió por casualidad, según un artículo del periódico Granma dl 3 de abril, que narra los hechos y anuncia las condenas a los 7 implicados. En reunión de la nueva dirección de Empresa de Correos Habana Oeste, una contadora informó sobre un cheque aparentemente en tránsito por valor de 3 633,75 CUC consignado a la Agencia Sasa Moto, que prestaba servicios de reparación de vehículos, pero el técnico de transporte expresó que no conocía esas reparaciones y aseguró que no se habían efectuado. La investigación llevó a facturas de un cerrajero, trabajador por cuenta propia, por el importe total del cheque. El escrito aclara que “no se trata de un enfrentamiento contra los trabajadores por cuenta propia”, lo cual es apropiado, pues este caso podría estar ocurriendo en muchos lugares, desde mucho antes de existir el cuentrapropismo y desencadenar justificación para obstruccionar esta nueva modalidad de empleo, por parte de aquellas fuerzas negadas a la apertura de la actividad económica al margen del rígido control estatal.

El cerrajero había suscrito un contrato en 2012 y realizado trabajos sin fraude, pero en marzo de 2013 se hizo un suplemento al contrato para comenzar el fraude. La directora de la empresa desconocía esos malos manejos, ya que había delegado en la jefa económica, y nunca controló el estado financiero de la empresa. La instancia superior alega que las empresas cuentan con determinadas facultades que las vuelven más independientes jurídica y económicamente. Aunque reconoce que debe mejorar su función de supervisión y control, señaló que durante la etapa se había percatado de que los ingresos no se correspondían con la historia de la entidad y efectuaron acciones de control, pero no lograron detectar lo que realmente sucedía.

El juicio oral se efectuó el 29 de diciembre de 2014, y la sentencia se publicó el 3 de marzo de 2015, con condenas de privación de libertad por 10 años para la directora económica, 9 años para el cerrajero, 1 año para la directora de la empresa, 5 años subsidiado por trabajo correccional con internamiento para el jefe de contabilidad, 1 año subsidiado por igual período de trabajo correccional sin internamiento para la contadora que detectó el fraude, multa de 200 cuotas de 10 pesos moneda nacional a una contadora, y absolución para una contadora. Condenas realmente elevadas para los delitos cometidos y que deberán cumplirse en prisiones con condiciones deplorables. Además, la directora económica, el cerrajero y el jefe de contabilidad deberán reparar de forma solidaria el daño material ocasionado a la empresa.

Las auditorias efectuadas desde la creación de la Controlaría General de la República detectan delitos, pero una apreciable cantidad no descubre el gran entramado de pícaros, sobornos y corrupción. La supuesta ingenuidad de la directora de una empresa se cuestiona en el artículo. Acaso no resulta absurdo arriesgarse a que se crea que un simple cerrajero pueda ganar tanto dinero por su trabajo. Junto a la deformación social nutrida durante decenios, la situación económica precaria es el caldo de cultivo, pues mientras el trabajo no propicie un salario capaz de cubrir al menos las necesidades fundamentales, la represión no resolverá esos problemas. El presidente Raúl Castro reconoció hace algunos años que el salario no alcanza para vivir en Cuba.

La Habana, 6 de abril de 2015

Miriam Leiva

Periodista Independiente

Publicado en www.cubanet.org,

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