HAN PASADO 9 MESES DE SDE AQUEL 23 DE SEPTIEMBRE

VIAJAR MAS ALLA DE NUESTRAS COSTAS I

Tensa y muy preocupada llegué al aeropuerto José Martí de La Habana una noche de marzo de 2013. Temía que Oscar (*) no pudiera sobrevivir las horas de trámites y el prolongado vuelo. Había logrado convencerlo de que la única esperanza de superar su grave enfermedad era la asistencia médica en Madrid, pero condicionó el viaje a poder regresar a Cuba. Desde que recibió la licencia extrapenal por motivos de enfermedad, continúo estudiando y escribiendo incansablemente, a pesar de la amenaza de regresar a prisión para continuar la condena de 20 años de cárcel dictada aquella Primavera Negra de 2003 entre los 75. En octubre de 2010 nos citaron al Departamento de Inmigración del Municipio Playa para preguntarnos a donde y cuando queríamos viajar. Oscar respondió que solo saldría si pudiera regresar, igual hice yo. Anteriormente habíamos procurado sin éxito permiso para cumplimentar brevemente invitaciones en el extranjero. El oficial informó que solamente tenía instrucciones sobre salidas permanentes.

Con ese antecedente hice las arduas gestiones, basada en que ya en Cuba no se lograría prolongar la vida de Oscar. Agradecimos al gobierno de España por ofrecer atención médica y al Cardenal Jaime Ortega por lograr su pasaporte con posible regreso. Salimos con la esperanza de sanación y retorno. Lamentablemente, llegó muy tarde, pero la fase terminal de la enfermedad transcurrió con óptimos cuidados, que permitieron una muerte digna y tranquila el 23 de septiembre, en el Hospital “La Fuenfría” de la Sierra de Guadarrama, Comunidad de Madrid.

Atribulada y agotada llegué al aeropuerto José Martí el 1 de diciembre, con las cenizas de Oscar para que retornara a Cuba, como yo le prometí. Dos días antes de fallecer también dijo a su médico: “Doctora, yo quiero regresar a Cuba”. Bien sabía él en las condiciones que lo haría. Apenas concluí los trámites legales, emprendí el retorno hacia nuestra vida cotidiana de tensión y vigilancia, la que llevamos Oscar y yo por mucho más de 21 años, cuando nos expulsaron del trabajo. Luego de 38 años de matrimonio durante los cuales él fue acosado bajo la acusación de “haberle faltado el respeto al Comandante en Jefe” en persona a mediados de la década de 1960, cuando terminaba la carrera de Economía en la Universidad de La Habana.

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