EL PAPEL DE LOS SINDICATOS EN EL REORDENAMIENTO LABORAL CUBANO

¿Quién se queda, quien se va?, es un artículo publicado por el periódico Trabajadores, órgano de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) el 7 de abril, que define al sindicato como “garantías para el éxito del importante proceso” de reordenamiento laboral, que deja sin empleo y con efímera retribución a cientos de miles de empleados públicos (en Cuba, el Estado es el máximo empleador). Precisada su función principal como garante de la transparencia y justeza del proceso, se reconoce que “algunos casos evidencian su falta de protagonismo en asunto de suma importancia en la vida del trabajador.”

¿Por qué? La CTC no protege los derechos de los trabajadores, sino representa los intereses del Estado-partido-gobierno; su protagonismo se circunscribe a estar presente en las decisiones de “quien se queda y quien se va”, e informarlas a los excluidos junto a la administración. El artículo reconoce que “en momentos de flagrantes violaciones, en que trabajadores fueron declarados disponibles (desempleados) por errores administrativos” no estuvo presente la gestión sindical para combatir el mal proceder. En los niveles de empresas, los cuadros sindicales no son profesionales, sino compañeros de labor de los afectados, por lo cual su ausencia denota la baja estimación del proceso, sentirse seguro en la posesión de su puesto e insensibilidad respecto a quienes supuestamente representa.

Pero es más serio aun, cuando se trata de “la no asistencia de varios sindicatos nacionales a los despachos programados con funcionarios del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) para analizar la marcha de los procesos aprobados en cada sector. Los cuadros profesionales, quienes cobran salarios por ejercer esas funciones solamente, no asisten a las reuniones donde se informarían y defenderían los intereses de quienes supuestamente los eligieron. Se expone en el escrito que en enero se ausentaron Industrias, Salud, Comercio y Gastronomía, Azucarero, Construcción, Alimentaria y Pesca, y Comunicaciones, mientras en marzo no asistieron Comercio y Gastronomía, Energía y Minas, Transporte, Construcción, Salud, Educación, Agropecuario e Industrias. No se ofrecen datos de febrero, pero resulta obvio que son sectores fundamentales, y hay reincidencia en el Sindicato Nacional de la Salud.

Precisamente, el artículo comenzó destacando que “en el sector de la Salud, el reordenamiento laboral propició la reducción de 109 mil trabajadores y alrededor de 2 mil millones de pesos en gastos del Presupuesto sin afectar los servicios prestados, lo que respaldó el reciente aumento salarial”. Sería oportuno que Trabajadores consultara a la población para corroborar si los servicios prestados no han sido afectados, ya que existen amplias opiniones sobre los consultorios médicos cerrados o la ausencia de médicos y enfermeros en horas laborales. Similar situación ocurre en los policlínicos y hospitales, e incluso desde hace años a La Habana se trae personal de enfermería de las lejanas provincias orientales.

La elevación de los salarios en la Salud Publica era una necesidad imperiosa, pues las míseras pagas han obligado durante unos dos decenios a realizar trabajos adicionales, como utilizar el auto propio para taxis, cuidar enfermos y ancianos en sus hogares, aceptar regalos en metálico o especies, al tiempo que se depauperaba el respeto y el reconocimiento social. Existía gran descontento en el sector, aspiraciones lógicas de alcanzar una “misión” en el exterior para mejora económica y eventualmente sin retorno, cuando la prioridad del gobierno es incrementar la exportación. De manera que si la mayor fuente de divisas del país proviene de los servicios, fundamentalmente médicos, tanto esos como los que permanecen en Cuba debían recibir mayor retribución. Lamentable papel desempeñaban los gobiernos contratantes y las organizaciones internaciones intermediarias al ser cómplices de la explotación de los cubanos, de manera que al conocerse internacionalmente esa situación pueden haber influido para los cambios en la remuneración.

Aunque los cubanos consideran justa la elevación de esos salarios, la medida ha causado mucho disgusto al no incrementarse a los demás trabajadores. Resulta evidente que no existen condiciones económicas para el alza en los ínfimos sueldos y pensiones, pero es muy difícil asimilarlo por quienes tienen que afrontar con escaso dinero el aumento constante de los precios de los productos de primera necesidad en las tiendas de venta en divisas del Estado.

La Habana, 9 de abril de 2014

Miriam Leiva

Periodista Independiente

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