LA UNION EUROPEA Y EL GOBIERNO DE CUBA, ¿dos para bailar el son?

LA HABANA, Cuba, noviembre, www.cubanet.org

Las posibilidades de establecer un convenio de cooperación entre la Unión Europea y el gobierno de Cuba, serán exploradas, respondiendo a un acuerdo tomado el pasado 19 de noviembre, por los ministros de Relaciones Exteriores de esa región.

El borrador de las directrices para la negociación se redactará por el Servicio Europeo de Acción Exterior y por la Comisión Europea. Mientras, se mantiene en vigor la Posición Común del 2 de diciembre de 1996, hasta que las conversaciones concluyan con la adopción del documento que fijará los términos de las relaciones.

Catherine Ashton, alta representante de Política Exterior de la UE, señaló que hace dos años había recibido el mandato de reflexionar sobre cómo podrían promoverse los valores e intereses de la UE en relación con Cuba.

“Se aprecia una evolución positiva que permite avanzar”, manifestó Gonzalo de Benito, Secretario de Estado para Asuntos Europeos de España, quien procuró desvincular la anuencia española respecto a las dificultades surgidas por la prisión del miembro del Partido Popular (en el gobierno), Ángel Carromero, causantes de delicados trámites para su regreso a Madrid, cuando ya han concluido los procedimientos judiciales por el homicidio involuntario del líder disidente Oswaldo Payá y su colaborador Harold Cepero.

Se informó que existe un consenso ampliamente mayoritario para propiciar la normalización de las relaciones, aunque todavía algunos países expresan reticencias. Actualmente, 13 de los 27 miembros de la UE tienen acuerdos bilaterales de colaboración con el gobierno cubano.

La Unión Europea y Cuba se encontraban inmersos en un proceso de acercamiento, a fines de 2002, que alejaba las tensiones surgidas por el rechazo de Fidel Castro a la Posición Común, aduciendo que el presidente español José María Aznar, con quien mantenía muy tensas relaciones, la había impuesto.

Se negociaba la incorporación al Acuerdo de Cooperación UE-ACP (países de África, Caribe, Pacífico). El 10 marzo de 2003, se inauguró la embajada de la UE, a nivel de encargado de negocios, para lo cual Paul Nielson, comisario para el Desarrollo y la Ayuda Humanitaria de la UE, viajó a La Habana.

Sin embargo, las autoridades nacionales ya se distanciaban de establecer compromisos de colaboración, y el 14 de marzo, cuando el visitante abandonaba la Isla, el canciller Felipe Pérez Roque manifestó en conferencia de prensa que “Cuba no ha cooperado con la aplicación de la Resolución 2002/18, aprobada el pasado año en la Comisión de Derechos Humanos, y tampoco lo hará, porque la considera ilegítima”, así como que “nuestro país no recibirá a la representante especial del Alto Comisionado de Derechos Humanos que esa Resolución le impuso al nombrar a la francesa Christine Chanet, aunque se le explicó que no se trata de una acción personal”.

Fue el preámbulo de la gran ola represiva de los días 18,19 y 20 de marzo, que encarceló a 75 pacíficos opositores, y el fusilamiento de tres jóvenes por tratar de secuestrar un barco sin ocasionar hechos de sangre. Hubo una enérgica condena de la comunidad internacional, y la UE adoptó sanciones políticas, el 5 de junio, pero no cortó su ayuda al desarrollo.

En repuesta, Fidel Castro anunció que no se mantendría diálogo político ni se recibiría ayuda humanitaria. El 31 de enero de 2005, el Consejo de Ministros de la UE suspendió temporalmente las sanciones, por la fuerte labor del presidente español José Luís Rodríguez Zapatero y su canciller Miguel Ángel Moratinos, llegados al poder dos meses antes y ejerciendo la presidencia pro tempore de la UE. Su propósito era eliminar la Posición Común, a pesar de que no habían ocurrido cambios en la situación cubana.

El 19 de junio de 2008, la UE acordó levantar las medidas de 2003, ya en suspenso, y abrir un diálogo incondicional –incluyendo el respeto y la promoción de los derechos humanos-, que el gobierno cubano aceptó, en septiembre, y en noviembre se anunció el aporte de 30 millones de euros para ejecutar algunos proyectos. También la UE fijó el análisis anual de los progresos internos y del diálogo.

Durante ese período, en Cuba había ocurrido la inesperada cesión temporal del poder de Fidel a Raúl Castro, quien, posteriormente, al ser investido de los máximos cargos del Partido Comunista, el gobierno y el Estado, fue remodelando el totalitarismo, con tenues medidas económicas para enfrentar la grave crisis existente y emitió señales de apertura, como la firma de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y Económicos, Sociales y Culturales, no ratificados aún por la Asamblea Nacional.

El diálogo al más alto nivel del gobierno con la Iglesia Católica Cubana, propició, en julio de 2010, el comienzo de la excarcelación de 54 prisioneros, de los 75 que permanecían en las cárceles, y el traslado a España, con sus familias, de quienes optaron por viajar. El 25 de octubre, los cancilleres de la UE mandataron a la Sra. Ashton para examinar los progresos y recomendar sobre el diálogo con el gobierno cubano.

Sin embargo, la muerte de Juan Wilfredo Soto García y la represión contra la oposición, con la modalidad de detenciones de corta duración y los llamados mítines de repudio, ocasionaron reticencias por parte de varios países europeos, y mostraron la conveniencia de posponer la decisión definitiva sobre las negociaciones de un acuerdo.

La Posición Común, con “el objetivo de la Unión Europea, en sus relaciones con Cuba, de favorecer un proceso de transición hacia la democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como una recuperación y mejora sostenibles del nivel de vida del pueblo cubano” (Artículo 1), podría ser reformulada según la situación actual, que no es la misma de hace 16 años, mediante un nuevo documento.

La defensa de los derechos humanos deberá aparecer como es tradicional en todos los instrumentos de la UE con los países ACP y otros, si bien con una terminología que permita la comunicación y la participación fluida de los países europeos en el complejo momento por el que atraviesa la sociedad cubana, en evolución a pesar de las reticencias del totalitarismo.

El recelo sobre la posible motivación económica para satisfacer los intereses de los empresarios de una Europa en crisis, es lógico. No obstante, Cuba se encuentra en el fondo de un pozo destruido y sin cuerda para asirse hacia el ascenso. Las inversiones no llegarían sin garantías, mientras que podrían estimular producciones vitales y propiciar fuentes de trabajo, conocimientos, experiencias y tecnologías.

La cooperación en proyectos de desarrollo y humanitarios sería igualmente muy provechosa. Los principios de sociedades democráticas deben acompañar esos propósitos. En todo caso, el aislamiento constituye la mejor arma de los elementos retrógrados, mientras la interacción impulsa el desarrollo y la democracia. Claro que también se requieren dos para bailar el son, como competería a las autoridades cubanas.

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