Archivo mensual: abril 2012

UNA CONFERENCIA MEMORABLE

Martes, Abril 10, 2012 | Por Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -“Cuba y su diáspora: actitudes y políticas que debe aplicar la diáspora para reintegrarse en Cuba”, fue el tema de la conferencia impartida por Carlos Saladrigas, empresario cubano-americano, el 30 de marzo, auspiciada por la revista Espacio Laical en la Cátedra Padre Félix Varela, que radica en el antiguo Seminario San Carlos.

La nutrida asistencia a la sala de apreciables dimensiones motivó que fuera necesario dejar abiertas las puertas y ventanas del local para que pudieran participar un estimado de 150-200 personas. La heterogeneidad fue notable, ya que junto a integrantes de la disidencia y la sociedad civil independiente, estuvieron conocidos intelectuales pertenecientes a entidades oficiales, personalidades de diversas religiones, laicos católicos, diplomáticos y periodistas extranjeros acreditados en La Habana.

En la primera parte, Saladrigas leyó un texto con sus consideraciones sobre las características de la diáspora cubana y la necesidad de su aportación a las transformaciones que deseamos ocurran en Cuba. Fue muy coherente y realista, señalando las enormes dificultades que habrá que superar para el necesario encuentro entre los cubanos de la isla y la comunidad en el exterior. No fue complaciente ante el régimen; señaló que las dificultades no solo provienen de sectores del exilio, sino que parten también del interior de la Isla, con personas negadas a terminar este período oscuro de nuestra historia, que tanto dolor y odio ha generado.

En su intervención, abogó por la reflexión y recapacitar sobre antiguos errores y dogmas, e indicó que “los problemas de Cuba son grandes, pero son nuestros problemas, y debemos y tenemos que resolverlos entre nosotros los cubanos. No serán fáciles, pero no tenemos otra opción…Veo a Cuba como un país rico en capital humano, tanto dentro como fuera, y en el mundo contemporáneo el patrimonio humano es más importante que el financiero…Sin embargo, para realizar el potencial de ese capital humano, tanto aquí como en la diáspora, requiere cambios y cambios grandes, que le corresponden a todas las partes, tanto a la diáspora como al gobierno y a la propia oposición”.

En la segunda parte, se realizaron varias rondas de preguntas que evidentemente reflejaban las posiciones de cada participante. Lo más importante fue el respeto al criterio ajeno, lo cual demuestra que el debate transparente y responsable es posible en Cuba, e incluso indispensable para encontrar solución a los grandes problemas que atenazan la sociedad.

Indudablemente la conferencia de Carlos Saladrigas indica que mucho está cambiando en la sociedad cubana. El hecho de que un hombre que fuera atacado en el diario Granma hace dos años pueda viajar a Cuba y brindar sus ideas es un paso de avance, junto a otros que se están dando en el plano intelectual, aunque todavía estén muy lejanos de lo requerido. Si algo ha cambiado de forma impresionante en los últimos años, es la mentalidad del cubano, consciente de que el modelo actual ha fracasado y es necesario adoptar nuevos derroteros para salir de la crisis. Puede afirmarse que cada día es más fuerte y abarcador el consenso popular en favor del cambio, en un contexto pacífico y de reconciliación.

Desafortunadamente esta situación es contradictoria, pues al tiempo que ocurre esta conferencia de Carlos Saladrigas, y personas con distintas posiciones políticas pueden encontrarse en la misma sala, se repiten hechos repudiables, como la ola de detención en el oriente del país, nada menos que a pocos días de haber estado el papa Benedicto XVI en Cuba, cuando señaló la necesidad de cambios.

Todo parece indicar que los duros del gobierno se han sentido tocados por los modestos pasos democratizadores y han impuesto acciones contra la disidencia pacífica, a fin de aterrorizar a toda la población. Incluso podría ser un movimiento de los sectores reformistas del gobierno para aplacar los ánimos de sus compañeros más recalcitrares. En ese marco podría comprenderse la súbita conferencia de prensa brindada por el Vicepresidente Marino Muriilo, coincidente con la visita papal, para destacar que en Cuba no habrá cambios políticos, como si la rueda de la historia y la voluntad de un pueblo pudieran detenerse con meras palabras.

Con la conferencia de Carlos Saladrigas se ha dado un paso importante en el camino hacia la unidad y la reconciliación nacional. Tanto al interior de la Isla, como en nuestra diáspora, deberá servir de aliento para reforzar nuestro trabajo por una nueva Cuba, donde todos los ciudadanos, por encima de ideologías, podamos reconstruir nuestro hogar nacional y vivir en paz y armonía.

FOTO: CONFERENCIA SALADRIGAS, tomada por Miriam Leiva

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CARICATURA EN LA REVISTA MELLA DURANTE OFENSIVA REVOLUCIONARIA

FOTO: Publicada en Cubaencuentro con articulo Oscar Espinosa Chepe

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LA VISITA DEL PAPA BENEDICTO XVI A CUBA

La multitudinaria participación sin compulsión en las actividades del Papa demuestra que las cosas están cambiando aceleradamente desde hace tiempo, afirma el autor de este artículo

Oscar Espinosa Chepe, La Habana | 05/04/2012 10:17 am

El papa Benedicto XVI visitó Cuba del 26 al 28 de marzo. Llegó por la ciudad de Santiago de Cuba, donde ese día en la tarde ofició una misa, y continuó con una visita a El Cobre desde donde el 27 se trasladó a La Habana para celebrar una misa en la Plaza de la Revolución. Estuvo acompañado por multitudes de personas, destacándose la participación de una inmensa cantidad de fervorosos jóvenes, lo cual es sorprendente, pues en su inmensa mayoría carecieron de formación religiosa mientras recibían la propaganda oficial para apartarlos de la fe.

Si algo comprueba la estancia del Santo Padre es que se ha producido en Cuba un cambio hacia la espiritualidad, promovido por la convicción subyacente de que los valores éticos y morales son indispensables en la vida de las personas y que las enseñanzas cristianas pueden ayudar en las difíciles condiciones existenciales que viven los cubanos desde hace años, mucho más en un momento cuando el proyecto iniciado en 1959 ha terminado en un profundo fracaso y llevado el país al desastre. Por supuesto al éxito de la visita también ha contribuido el quehacer de la Iglesia católica cubana, que, aunque carente de recursos y enfrentando las incomprensiones de muchos, con un trabajo discreto ha sido una institución que se ha distinguido por sus iniciativas a favor de la renovación de la sociedad cubana en un marco de reconciliación nacional, válido para creyentes y no creyentes. Entre estas puede citarse la apertura de espacios que, todavía pequeños, ayudan a que personas de distintos signos pueden intercambiar opiniones y buscar fórmulas de entendimiento imprescindibles para que la nación pueda emerger de la crisis en que yace.

En estos tres días, el papa pronunció homilías e hizo intervenciones abarcadoras a todos los problemas que atenazan a los cubanos. En todo momento, sin dejar al margen ningún tema importante, sus mensajes fueron aleccionadores y cargados de sabiduría, siempre con expresiones cuidadosas dirigidas a que los cubanos “…con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de dios”, Plaza Antonio Maceo, Santiago de Cuba.

Desafortunadamente en esos días se produjo una conferencia de prensa del Vice presidente del Consejo de Ministros Marino Murillo, quien afirmó que “en Cuba no va a haber reforma política”, una aseveración que en cierta medida tiene razón, porque la reforma política ya está presente en la mente y en el corazón de los cubanos, hartos de que se les prohíba desempeñarse libremente.

La multitudinaria participación sin compulsión en las actividades del Papa demuestra que las cosas están cambiando aceleradamente desde hace tiempo y que los “muros” que el Gobierno fabrica para continuar el control absoluto sobre la sociedad están carcomidos, cayéndose a pedazos. Todo parece indicar que el Vicepresidente con tanto trabajo, no tiene tiempo para escuchar lo que dice el pueblo en las calles, lo que escriben y proclaman abiertamente los intelectuales residentes en el país o lo que cantan insignes creadores con confianza en el futuro: “todo cambiará, algún día cambiará…”, con la certeza de que el asfixiante clima nacional es insostenible. Un proceso imposible de paralizar por los burócratas y quienes pretenden seguir disfrutando de privilegios por vínculos políticos. Hasta en China, con sus milenios de despotismo y relevantes triunfos económicos actuales para mostrar, destacados dirigentes, como el Primer Ministro Wen Jiabao, han reconocido recientemente la necesidad de “avanzar tanto en nuestras reformas estructurales económicas como en las políticas, en particular en la reforma del sistema de gobierno”. La reforma política es una “tarea urgente” pues de otro modo “…los nuevos problemas que surgieron en la sociedad china no se resolverán básicamente y una tragedia histórica como la Revolución Cultural podría volver a ocurrir”.

Tampoco podrá detener los cambios la represión contra mujeres y activistas pacíficos e indefensos, por el solo hecho de denunciar la injusta situación nacional en materia de derechos cívicos, sociales y políticos. La única vía para atenuar el creciente malestar popular es la de profundizar los cambios económicos, políticos y sociales. La obstinación en mantener un modelo fracasado que “…ya no funciona ni para nosotros…”, como ha reconocido el ex presidente Fidel Castro, es una receta para continuar los sufrimientos del pueblo cubano, llevándolo a un estado de desesperación que puede conducir a una inestabilidad en la que todos resultaremos perdedores

Desafortunadas fueron también algunas palabras del presidente Raúl Castro, en el discurso de bienvenida del Papa, al repetir la manida inculpación a factores extranjeros por los enormes problemas existentes en Cuba. Es cierto que la política de embargo de Estados Unidos debe ser rechazada, como hizo el Santo Padre en su alocución de despedida, pero hubiera sido sabio que el Presidente reconociera como ha hecho en otras ocasiones, que el país está al borde del precipicio, fundamentalmente por el bloqueo interno.

En su despedida al Papa resultó positivo el reconocimiento del Presidente a la contribución patriótica de la emigración cubana, incluida la actual, en la historia de Cuba. No obstante, dio una visión demasiado parcializada sobre ella, al indicar que: “Hemos realizado prolongados esfuerzos hacia la normalización plena de las relaciones de Cuba con su emigración que siente amor por la Patria y con sus familias, y persistiremos en ellos por la voluntad común de nuestra nacional”. Esas palabras deberían ser más incluyentes y dejar atrás las discriminaciones de carácter político, así como ir acompañadas por pasos prácticos para que los emigrados dejen de ser tratados como extranjeros cuando viajan a Cuba. Al mismo tiempo debe dárseles el derecho a participar en la reconstrucción de nuestro hogar nacional con plenas garantías y total libertad.

La Iglesia católica está apoyando al pueblo de Cuba para que deje atrás los odios y pueda construir una sociedad sin exclusiones “con todos y para el bien de todos”. Como señaló Benedicto XVI en su despedida: “La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.”

La visita del Santo Padre a Cuba, por su impronta, fue mucho más allá de las expectativas. Con la de Juan hablo II en 1998 constituye un hecho de relevancia histórica y sus homilías y otras intervenciones resultan documentos de referencias para todos lo cubanos. Deberán estudiarse por creyentes y no creyentes, debido a las nobles recomendaciones que encierran, válidas para conducirnos hacia una sociedad mejor, con libertad, justicia social y democracia.

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FOTO : Misa Plaza Habana

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LA OFENSIVA REVOLUCIONARIA DSE 1968, 44 ANNOS DESPUES

Cuando en Cuba se llegó a pensar en eliminar el dinero

Oscar Espinosa Chepe, La Habana | 27/03/2012 11:34 am CUBAENCUENTRO

La confiscación masiva de pequeños establecimientos, en el marco de la denominada “Ofensiva Revolucionaria”, fue anunciada por el entonces primer ministro Fidel Castro en un discurso pronunciado el 13 de marzo de 1968. Se realizó bajo la consigna de lucha contra el capitalismo y la creación de un “hombre nuevo”. Como resultado inmediato ocurrió un enorme deterioro económico y la disminución extraordinaria en la disponibilidad de alimentos y servicios.

De acuerdo con datos publicados por el periódico Granma en marzo de aquel año, se confiscaron 55.636 pequeños negocios, muchos operados por una o dos personas. Entre ellos 11.878 comercios de víveres (bodegas), 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 artesanías y 3.345 carpinterías.

Esa apropiación masiva de propiedades de pequeños comerciantes y productores estuvo incluso en contradicción con las tesis de que la construcción del socialismo se basaba en la nacionalización de los medios fundamentales de producción, por lo cual hasta muchos especialistas y profesores del Este de Europa presentes en Cuba no comprendían cómo quitar las tijeras a un barbero o la chaveta a un zapatero, podría ayudar a la pretendida construcción del socialismo.

La Ofensiva Revolucionaria de 1968 fue la culminación de un proceso de excesos económicos, irracionalidad y aventurerismo político, empezado mucho antes. Puede afirmarse que en el período 1959-1963 se realizaron las grandes confiscaciones y fueron establecidas las bases de la planificación centralizada al estilo soviético. Pronto surgieron dificultades económicas por la rigidez del sistema, lo que en 1962 llevó a tomar medidas severas como la implantación de un férreo sistema de racionamiento de alimentos y todos los demás productos básicos. Además eso ocasionó que entre 1964-1966 se generaran debates en el seno del Gobierno sobre la necesidad de ajustes en la economía y el grado de decisión que debían tener las empresas, aunque todos los criterios coincidían en preservar el supuesto socialismo, la propiedad estatal sobre los medios de producción y la planificación centralizada.

Surgieron fundamentalmente dos concepciones: una en favor de la autogestión socialista al estilo soviético, auspiciada por el Dr. Carlos Rafael Rodríguez, un intelectual de prestigio, antiguo dirigente del Partido Socialista Popular, con ideas ligeramente influidas por las corrientes renovadoras que por entonces, con timidez, comenzaban a aflorar en el este de Europa, especialmente en Polonia, Checoslovaquia y Hungría, y en menor medida en la URSS. Este modelo se caracterizaba por cierta descentralización en el marco del plan, concedía a la ganancia un papel importante en la gestión de las empresas, con facultades para que estas crearan fondos propios para el financiamiento de la reposición de medios productivos, otorgamientos de premios por sobrecumplimientos y otros, siempre después de haber cumplido los compromisos con el Estado. Paralelamente, en teoría, se enfatizaba en la utilización de herramientas económicas e instrumentos financieros, como el crédito bancario, políticas fiscales, y elementos adicionales tomados de la economía de mercado, todos con un funcionamiento limitado en la práctica, debido a la camisa de fuerza de la planificación, la falta de aseguramiento de recursos para producir, y una inmensa carga directiva que hacían imposible la toma de decisiones ágiles a nivel de empresa. El modelo de autogestión mantenía la utilización de mecanismos políticos y llamados de tipo moral para incentivar a los trabajadores, pero sin desestimar la motivación material para promover la eficiencia y la productividad laboral.

La otra concepción se denominaba sistema presupuestario, aunque también algunas personas la llamaban propuesta “guevarista”, pues su creador y apasionado defensor era el comandante Ernesto “Che” Guevara, ministro de Industrias entonces. Su modelo concebía una mayor centralización económica, con la aspiración de convertir el Estado en una gigantesca empresa, controladora en un alto grado de minuciosidad de la gestión económica nacional a todos los niveles. Para ello, sin soslayar métodos de dirección modernos, copiados de empresas transnacionales capitalistas, privilegiaba los resortes políticos con el propósito de crear el ciudadano comunista, el hombre nuevo, un ser pletórico de virtudes, siempre dispuesto a sacrificios, en aras de la construcción del socialismo y posteriormente del comunismo.

Para “fortalecer” la conciencia de los trabajadores, la utopía “guevarista” —actualmente olvidada en Cuba— a la vez que negaba la existencia de categorías económicas objetivas, como el mercado, priorizaba superlativamente los estímulos morales en detrimento de los materiales: pago por sobrecumplimiento de normas, premios y otros. No obstante, debe subrayarse que los excesos económicos cometidos posteriormente a la salida del comandante Guevara hacia su actividad guerrillera en África y Bolivia, donde murió en 1967, aunque pudieron tener determinadas influencias, resulta improbable que el Che las hubiera aprobado por el absurdo radicalismo a que llegaron.

A partir de 1966 se comenzó a priorizar de forma extrema los objetivos políticos por encima de las realidades económicas. Hubo un proceso de lucha contra las influencias capitalistas en toda la sociedad cubana, desde la economía hasta la cultura. Esto abarcó críticas a los países socialistas europeos por “dejarse permear por el capitalismo”. Ocurrió un cambio radical en la gestión económica, llegándose a eliminar las relaciones mercantiles entre las empresas, y mediante la campana de “lucha contra el burocratismo” se desmantelaron los controles económicos, destruyéndose sin sentido alguno las ricas tradiciones en técnicas contables y de gestión administrativa, acumuladas por generaciones antes de 1959. Se cerraron muchas unidades bancarias y se eliminó el pago de los intereses hasta de las cuentas de ahorro, calificados como “reminiscencias del pasado”. El trabajo voluntario se priorizó de manera que masivamente la población fue obligada a marchar a los campos a realizar labores agrícolas, en planes como “El Cordón de La Habana” para sembrar café, mientras en las fábricas que quedaron funcionando se implantaron los “horarios de conciencia” de más de 8 horas y las “jornadas guerrilleras” de varios días consecutivos, en la mayoría de los casos desorganizadas e improductivas. Quienes dentro del Gobierno señalaron sus preocupaciones sobre la falta de sensatez de las medidas tomadas fueron acusados de desviación ideológica, y en algunos casos, como el autor de este artículo, enviados a realizar trabajo forzado en cuevas y en la agricultura.

Asimismo, entre 1966-1970 el plan de la economía se sustituyó por planes sectoriales, modificados constantemente. En el “fragor revolucionario” se suprimieron las fiestas de Navidad, aduciéndose que constituían un obstáculo a las labores de la zafra azucarera, y se transfirieron al 26 de julio para conmemorar el ataque por Fidel Castro al Cuartel Mondada en 1953. Hasta se pensó en eliminar el dinero y sustituirlo por un mecanismo de distribución igualitaria, lo cual afortunadamente no se ejecutó. Este proceso tuvo su momento cumbre en la Ofensiva Revolucionaria de 1968, como señalamos anteriormente, que convirtió el Estado prácticamente en el único propietario en Cuba, con la exclusión de pequeñas cantidades de tierra en manos privadas, aunque bajo un fuerte control gubernamental. En gran parte la proyección de la desastrosa zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar tuvo como génesis esas irracionales concepciones voluntaristas, y con su total fracaso terminó esa superdestructiva etapa de nuestra historia, que Fidel Castro reconoció públicamente como los errores “idealistas” cometidos, y se regresó a los cánones de gestión económica de los países de Europa Oriental, fundamentalmente la URSS.

Aquellos colosales horrores todavía afectan la economía y la sociedad cubana en su conjunto. La llamada actualización del modelo económico no es más que una tímida reversión de la arbitraria apropiación estatal de todo el tejido productivo y de servicios nacional. Un fenómeno propulsado por insaciables deseos de poder absoluto y concepciones aventureras que han llevado el país al desastre. Lamentablemente la nueva etapa rectificadora, encabezada por el general Raúl Castro, está todavía lastrada por muchos de los dogmas y fantasmas del pasado, y por consecuencia las verdaderas soluciones urgentemente necesarias continúan sin vislumbrarse, mientras los grandes retos siguen incrementándose.

© cubaencuentro.com

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!ENHORABUENA PADRE FELIX VARELA PROCLAMADO VENERABLE POR EL PAPA BENEDICTO XVI!

NOTA INFORMATIVA, Conferencia de Obispos Católicos de Cuba

Martes, 10 de Abril de 2012 08:08 | PDF Imprimir E-mail
NOTA INFORMATIVA

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba hace pública su complacencia por la reciente declaración del Santo Padre Benedicto XVI proclamando Venerable al Siervo de Dios Padre Félix Varela Morales.

La referida proclamación representa un paso de avance en el proceso de beatificación del benemérito sacerdote cubano, ejemplar en sus virtudes cristianas y sacerdotales y eminente en su patriotismo.

Imploramos a Dios que en fecha próxima podamos conocer de un milagro realizado por su intercesión el cual, una vez comprobado, permitiría la proclamación del Padre Varela como Beato paso inmediato a la canonización.

Secretariado General de la COCC
Habana, 10 de Abril de 2012

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MISA PLAZA 28-3-12

ADJUNTO

FOTOS: MIRIAM

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MONSENOR JOSE FELIX PEREZ, IGLESIA SANTA RITA DE CASIA, DOMINGO DE RAMOS

FOTO TOMADAS POR MIRIAM LEIVA

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2 DOMINGO DE RAMOS, IGLESIA SANTA RITA

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DOMINGO DE RAMOS EN IGLESIA SANTA RITA DE CASIA

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LA PEREGRINACIN DEL PAPA BENEDICTO XVI MERECE RESPETO

Por Miriam Leiva

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -La peregrinación evangelizadora y solidaria con el pueblo del Papa Benedicto XVI se extendió del 26 al 28 de marzo a Santiago de Cuba y La Habana, pero sus palabras merecen la más profunda meditación y tendrán validez histórica, pues abordó los asuntos medulares de la sociedad, con definiciones y propuestas demostrativas de que Cuba, su iglesia católica y todos los cubanos ocupan un lugar especial.

Su visita, también con carácter oficial, ocurrió cuando el país atraviesa un período de aguda crisis política, económica y social, y las autoridades se debaten entre la necesidad de echar abajo un sistema inoperante desde todos los puntos de vista, incluso para permanecer en el poder como pretenden, la retranca de los dirigentes a todos los niveles para no perder sus privilegios, y el terror de todos por quedarse sin el dominio absoluto del que gozan desde hace 53 años. Sin embargo, a pesar de la “actualización” el modelo económico sigue siendo improductivo y la población continúa padeciendo las carencias, sin que crea más en las eternas promesas del partido y el gobierno, mientras los subsidios de Venezuela tienen un futuro cada día más incierto. En ese contexto, se mantiene una represión personalizada y con cortos períodos de detención sobre las personas y grupos opositores que pretendan reunirse o manifestarse públicamente. En un futuro indeterminado, el pueblo cubano podría seguir sumiso aspirando a un permiso de salida al extranjero, o romper los muros de contención, probablemente con consecuencias difíciles para todos.

En síntesis, ese es el ambiente a donde el Santo Padre llegó con sus mensajes para gobernantes y gobernados, cubanos dondequiera que se encuentren. Señaló la necesidad de cambios y exhortó a la búsqueda de la verdad para alcanzar la libertad y la justicia, con la participación de todos para construir una sociedad inclusiva, dialogante, con respeto de las libertades fundamentales, renovada y reconciliada. Si bien sus homilías y alocuciones merecen atención, el mensaje de despedida en el aeropuerto José Martí de La Habana concentra los conceptos muy vinculados a los asuntos fundamentales para la persona, la familia y la patria.

La presencia del Papa en Cuba brindó la hermosa oportunidad de reencuentro mediante los viajes de cubanos residentes en el exterior, fundamentalmente los Estados Unidos, y las misas oficiadas por prelados de diversas nacionalidades, incluyendo cubano-americanos, y el arzobispo de Miami el 27 de marzo en la catedral de La Habana. Monseñor Wenski se empeñó personalmente en contribuir a las actividades por el 400 aniversario del encuentro de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre y el Año Jubilar Mariano 2012, así como el traslado y la estancia de las personas visitantes. Está ayudando al acercamiento y la colaboración que redunda en beneficio de nuestra Patria.

Otra novedad en esta ocasión fue la “humildad” con que Fidel Castro pidió ser recibido por el papa, quien le concedió una audiencia de media hora, a tenor con su cargada agenda. No se sabe si acudió con pleno uso de sus facultades o empujado por el sequito de su esposa nunca presentada al pueblo cubano, tres de sus cinco hijos y una joven, que se esforzaron por ser retratados junto a su Santidad y aparecer en la televisión nacional. Se supone que hayan pedido la bendición cristiana, más allá de la fase propagandística y de procurar inclusión en los “anales” de la historia cubana.

La participación de la población en las actividades del Papa fue mayoritariamente por decisión propia, con admiración, respeto, fervor cristiano y hacia la virgen de la Caridad del Cobre. Sobre todo se destacó la asistencia sentida de los jóvenes. Aunque el gobierno convocó en muchos lugares, como tradicionalmente hace ante la llegada de un visitante extranjero, la Iglesia Católica Cubana no pretendió una participación sin motivación espontánea y entusiasmo. En Cuba crece la fe y la religiosidad, entre un pueblo que las tuvo vedadas hasta 1992, con severos castigos. Incluso el Santo Padre abogó por una mayor apertura, en áreas como la educación y otras actividades.

Es de esperar que en el curso de los próximos meses se aprecien más resultados de las conversaciones sostenidas por el papa con Raúl Castro. Benedicto XVI ha reclamado el respeto de las libertades fundamentales, abordado la situación de los presos y marginados, y sentado bases para continuar progresando en la recuperación de valores morales y cívicos, propiciar el diálogo y la inclusión, procurar el trabajo unido y la reconciliación. Pero nuestro presente creador del futuro de la persona, la familia y la Patria depende de la responsabilidad y los esfuerzos de todos los cubanos, sin egoísmos ni ansias de protagonismo individual.

FOTO: BENEDICTO XVI-RAUL CASTRO

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