CUBA, GARANTE DEL SANGRIENTO REGIMEN SIRIO

Los hilos de la conjura del ALBA, movidos por Venezuela, que arrastra a una Cuba venida a menos tras su benefactor, se tejen en Irán

Miriam Leiva, La Habana | 17/10/2011 CUBAENCUENTRO

Bashar al-Assad asesina a miles de sirios desde hace seis meses, pero el canciller cubano Bruno Rodríguez integró la comitiva de homólogos, que el 9 de octubre se reunieron con el sangriento dictador en nombre del Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), para “rechazar los intentos de desestabilización en Siria por parte de Estados Unidos y sus aliados”, como anunció el ministro venezolano Nicolás Maduro, según reportaron los medios en Cuba. El día 10 los noticieros de la televisión mostraron imágenes del encuentro.

Aún en La Habana se muestra a Hugo Chávez enardecido, vociferando su apoyo incondicional a Muamar el Gadafi; continúan los reportajes jubilosos porque no se ha tomado el reducto de Sirte y se inauguran exposiciones con fotografías de una guerra que solo tiene una cara. El ministro Maduro antes de llegar a Siria declaró que “vamos a rechazar todas las formas de intervencionismo que el imperio está tratando para aplicar el formato de Libia, e ir a un proceso violento de cambio de régimen”. Esto recuerda la propuesta chavista para “solucionar el conflicto” en ese país, a tenor con los intereses del extravagante beduino libio.

Llama la atención que la delegación del ALBA se apresurara a Damasco, pocos días después de que en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no fuera posible adoptar una resolución por el veto de Rusia y China, y tuviera las abstenciones de Brasil, India y Sudáfrica, miembros no permanentes. Ese proyecto, negociado durante mucho tiempo por los países europeos y Estados Unidos, no condenaba explícitamente ni contenía sanciones, sino que era un llamado al cese de la represión y pedía la liberación de los presos políticos, cuando se estimaban 2.700 muertos, miles de heridos, detenidos y torturados, y decena de miles de desplazados y refugiados —tan solo en Turquía hay 7.000. Incluso, cientos de militares han sido masacrados por haberse sublevado para no disparar contra la población indefensa.

Rusia y China no suelen tener tanta afinidad en sus posturas internacionales. Han coincidido en el rechazo a tres resoluciones del Consejo de Seguridad; en 2007 pidiendo el respeto de los derechos humanos y la liberación de presos políticos, entre ellos la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, en Birmania-Myanmar; en 2008 al impedir las sanciones y el embargo de armas al presidente de Zimbabwe, Robert Mugaba; y en la actual ocasión respecto a Siria. Resultan evidentes los intereses geopolíticos y económicos que mueven a estos países, y sobre todo a Rusia, que durante muchos decenios ha mantenido su presencia en el Medio Oriente a través de sus nexos con la dinastía Assad.

Los sorpresivos levantamientos populares en la región han deshecho alianzas consolidadas durante largo tiempo. Egipto no es el mantenedor de la estabilidad y garante de un statu quo para Israel. Turquía se eleva como ejemplo de país musulmán con avances democráticos y auge económico. En ese carácter, su poderoso primer ministro, Recep Tayip Erdogan, rompió definitivamente con Bashar al-Assad, junto a quien hace tres años disfrutó de vacaciones en familia. Medios de prensa citan despachos de la agencia iraní FARS, sobre el envió de su Canciller el 9 de agosto para conversar con el presidente sirio, a fin de procurar el cese del uso de la fuerza contra los manifestantes y la implantación de reformas.

En la reunión de seis horas, el león acorralado habría realizado varias amenazas: provocar una confrontación regional, si la OTAN intervenía en Siria como hizo en Libia; mover sus cohetes a las Alturas de Golán para dispararlos contra Israel; y pedir a Hezbolá que atacara ese país desde Líbano. Todos esos acontecimientos sucederían en las primeras tres horas, pero en las tres siguientes Irán atacaría los barcos de guerra de Estados Unidos en el Golfo, así como otros interés europeos. Esas nefastas posibilidades y el continuo baño de sangre parecen haber liquidado las reticencias de Turquía, que ya ha impuesto el embargo de armas, pero era reticente a las sanciones económicas por temor a lesionar los intereses comerciales de sus empresarios.

Por su parte, Rusia denota moverse para no perder totalmente su gran espacio en Siria, cuando las fuerzas rebeldes venzan. Tiene el antecedente de su desplazamiento en Libia, aunque allí no poseía tanto peso como en Damasco. Pocos días después de imponer el veto al proyecto de resolución de la ONU, el presidente Medvedev demandó la realización de reformas, y luego un portavoz declaró que el Gobierno propuso negociaciones entre Al Assad y el consejo rebelde, para lo que ofreció a Moscú como sede, y añadió que el veto en el no era una carta blanca, según mostró la televisión cubana el 10 de octubre. Casi simultáneamente, el Canciller chino se pronunció en sentido similar, según han reportado las agencias de prensa internacionales.

Evidentemente, los hilos de la conjura del ALBA, movidos por Venezuela, que arrastra a una Cuba venida a menos tras su benefactor, se tejen en Irán. Quizás no tan casualmente, el presidente Chávez anunció un nuevo viaje a La Habana para revisar su salud. Es muy probable que la agenda incluya con prioridad conversaciones sobre Siria. Evidentemente la situación económica del Gobierno isleño es tan desesperada que ha perdido el pudor, y envía a su Canciller como eco del venezolano, en un miserable papel que desluce épocas pasadas como tribuno tercer mundista en el Movimiento de Países No alineados y cuanto foro internacional existiera.

Las autoridades sitúan a Cuba entre los pocos países que defienden a ultranza dictadores dispuestos a asesinar en masa a sus pueblos. Son garantes de Siria e incondicionales de Irán, dispuesto a liquidar también a las naciones vecinas y poner el mundo al borde de una guerra de inmensas proporciones. Al mismo tiempo, respaldan grupos terroristas como Hezbolá en Líbano. Los regímenes totalitarios luchan con todos sus medios para preservar el poder absoluto, como dictaduras hereditarias. Parecen dispuestos a la bochornosa soledad, cuando los países árabes están retirando sus embajadores de Damasco, y los dubitativos de otras partes se deciden a abandonar al tirano, cuyo fin esta próximo.

Ojalá no sea reflejo de una futura reacción a lo que podría suceder, si el pueblo cubano se decidiera a ser dueño de su única vida.

© cubaencuentro.com

foto: Bashar-al-Assad y Raul Castro

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