REMESAS E INICIATIVAS PRIVADAS EN CUBA

• NÚMERO 22 • LA PRIMAVERA DE CUBA • Impresa

Óscar Espinosa Chepe

Economista y periodista independiente

Una reunión sobre “Los Pequeños Negocios en Cuba” se efectuó en la sede del Consejo para las Américas de Nueva York, el 19 de enero, auspiciada por el Centro para la Inclusión Financiera y el Cuba Study Group. Se analizaron los cambios económicos en ejecución en la Isla y la posibilidad de que las remesas y artículos procedentes de Estados Unidos sirvan como factor de desarrollo a los negocios que empiezan a surgir.

Este tema es importante, cuando la Administración Obama ha adoptado medidas para flexibilizar las visitas de los cubano-norteamericanos y norteamericanos de algunos sectores, así como el envío por estadounidenses de hasta 500 dólares por trimestre por beneficiario sin límites de posibles destinatarios.

Según estimados emitidos en la reunión, las remesas podrían sobrepasar 2 mil millones de dólares al año, más otros 2 mil millones en productos. Si una cantidad de ese dinero se pudiera canalizar para el desarrollo del pequeño sector emergente de la economía cubana, sería altamente beneficioso, pues la falta de capital es uno de los factores que dificulta emprender negocios y posteriormente ampliarlos.

Desde hace años las remesas se han convertido en uno de los principales ingresos de divisas de Cuba. Con certeza nadie conoce el monto exacto anual, posiblemente ni siquiera el gobierno.

Cifras estimadas por CEPAL lo sitúan en alrededor de mil millones de dólares anuales, pero los datos oficiales han sido inferiores. El Banco Mundial, que hace estudios profundos por países en esta materia, carece de información acerca de Cuba.

En América Latina y el Caribe, los montos recibidos por remesas son determinantes en la economía de muchas naciones. Sería impensable el funcionamiento de algunas, sin esos ingresos.

Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Jamaica y Honduras, entre otros, son ejemplos de ello. En 2010 se estima que los ingresos de divisas en la región alcanzaron 59.1 miles de millones de dólares; cifra impresionante si se tiene en cuenta que en 1995 era de 13,3 miles de millones de dólares. El pasado año, el total de remesas a nivel mundial fue de 325 miles de millones de dólares, y los cálculos para 2012 son de 374 miles de millones, de los cuales corresponde 69 miles de millones a nuestra área, con una tasa de crecimiento anual del 10%. Esta información del Banco Mundial se basa en estadísticas de las Balanzas de Pago recogidas por el Fondo Monetario Internacional. Las remesas recibidas por muchos países son significativamente superiores a las inversiones directas recibidas del exterior, lo que demuestra la importancia de este tema. La fuente fundamental de envío de remesas es Estados Unidos y el principal país receptor en América Latina resulta México, con un estimado de 22,6 miles de millones de dólares en 2010.

Aunque es muy importante este ingreso para la sociedad azteca, no reviste la dependencia de otros países mencionados debido a la magnitud del Producto Interno Bruto (PIB) y las potencialidades adicionales de su economía.

Ha sido muy oportuna la mencionada reunión efectuada recientemente, ya que si el gobierno cubano tomara medidas adecuadas, las remesas podrían coadyuvar al desarrollo del sector emergente de la economía. En primer término llegar al convencimiento de que sería positivo para Cuba el crecimiento de los negocios y dejar de considerar negativo su progreso.

El sistema de impuestos tiene que dejar de ser un obstáculo para el progreso de las iniciativas. Paralelamente tiene que abrirse un mercado de venta mayorista que abastezca a los cuentapropistas con productos a precios razonables, sin obligarlos a comprar en el mercado minorista a precios sumamente altos, fundamentalmente en moneda convertible, compitiendo con la población para la adquisición de artículos y servicios. Asimismo debe eliminarse el excesivo impuesto aplicado actualmente al dólar, suprimido solo para los envíos por Western Union, pero mantenido en las cajas de cambio oficiales.

También sería razonable revisar las actuales tasas de cambio del peso convertible (CUC), con una sobrevaloración absurda respecto al dólar y otras divisas, lo cual distorsiona la economía, provoca decisiones absurdas y desestimula las exportaciones.

Al menos se debería equiparar el CUC al dólar, tomando su equivalente con respecto a otras monedas. Para lograr que un porciento más alto de remesas se utilice en el desarrollo de Cuba podrían establecerse tasas de cambio especiales para el dinero invertido en ese objetivo, lo que debería acompañarse de medidas fiscales y crediticias estimulantes.

Además debería promoverse el envío de productos y materiales desde Estados Unidos con fines de desarrollo del cuentapropismo y empresaspequeñas y medianas (PYMES), con la eliminación de los aranceles para ellos o situarlos al nivel más bajo posible.

Finalmente el Gobierno cubano debe considerar el progreso de la iniciativa privada como un positivo factor para crear empleos y ser fuente importante de ingreso al Presupuesto, utilizable en el financiamiento de la salud pública, la educación, la seguridad social, el deporte, la cultura, e incluso en el sano fortalecimiento del sector público de la economía.

A pesar de los obstáculos todavía existentes para la normalización de las relaciones económicas entre Cuba y Estados Unidos, para la Isla su vecino del norte es el quinto socio en el intercambio de bienes, la primera fuente de remesas y el segundo generador de visitantes con 324 mil en 2010, de los cuales el 95% corresponde a ciudadanos nacidos en Cuba o descendientes.

La reunión efectuada en Nueva York ha sido una excelente iniciativa, que demuestra que amplios sectores de la comunidad cubana en el exterior están listos para conversar de forma seria y responsable sobre la reconstrucción de nuestro país.

Otros temas como la posibilidad de inversiones, transferencia de tecnología y experiencias de gestión de empresas, entre otros temas de suma importancia, podrían ser objeto de futuros intercambios entre sus líderes y las autoridades cubanas con participación activa de representantes de la sociedad civil cubana. Para ello hay que abandonar los dogmas y la insensatez de concepciones estrechas, dando paso al sentido común, la confianza entre los cubanos y el pragmatismo.

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