CAMBIOS EN CUBA: POCOS, LIMITADOS Y TARDIOS (PARTE XIX)

CAMBIOS EN CUBA: POCOS, LIMITADOS Y TARDIOS (PARTE XIX)

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨, Nelson Mandela

La seguridad social se trata en los Puntos 156 y 157 de los Lineamientos. Junto a los empleos y salarios, esta actividad es donde mayor retroceso ha existido en Cuba desde el comienzo del Período Especial.

Si en 1990 la pensión promedio mensual nominal era de 83.70 pesos, hoy los pensionados reciben 28.12 pesos en términos reales, tomando el citado año como referencia, o sea se ha depreciado en un 66.4%, teniendo en cuenta los índices de inflación publicados por el gobierno. La pensión media mensual de 240 pesos en 2009, equivale a 12 dólares, de acuerdo a la tasa de cambio oficial respecto a esa moneda, en un país donde las tiendas de venta en divisa estatales comercializan 1 kilogramo de leche en polvo en 6.56 dólares.

De esto se deriva que los importes entregados por los trabajadores durante toda su vida laboral, pagados por una moneda con poder de compra muy superior, actualmente se retribuye con una pensión depreciada, que no permite mantener un nivel de vida mínimamente adecuado, al representar un ingreso de 40 centavos de dólar diario en el caso de los afortunados que reciben la pensión media mensual.

Las alternativas actuales para revertir esta situación son prácticamente inexistentes, debido al agudo declive económico, y la negación del régimen a introducir reales cambios que permitan la liberación de las fuerzas productivas y, con ello el aprovechamiento de las considerables reservas inexplotadas existentes en el país, que permitirían desarrollarlo y dar una vida digna a los ciudadanos, comprendidas las personas jubiladas.

En 2009, los pagos por seguridad social fueron de 4,7 miles de millones de pesos, mientras la contribución fue de 2,8 miles de millones, un 41,0% se sufragó con cargo a otros ingresos del presupuesto. Esto no deja espacio para el incremento de las pensiones. El Estado para poder paliar esta situación incrementó la edad de jubilación a 65 años los hombres y 60 las mujeres, pero esto será como un remedio casero que no resuelve la apremiante situación de los jubilados y empeora la de los trabajadores activos.

Para colmo de males, la población en términos absolutos continúa reduciéndose, con tasas muy altas de envejecimiento. Las personas con más de 60 años constituyen el 17,4% de la población total, con una proyección para el año 2020 del 21,6%. Esto se debe en primer lugar a una tasa de natalidad extremadamente baja, inferior a los niveles necesarios para el crecimiento poblacional, ya que las parejas no desean reproducirse en un ambiente de tantas penurias. A ello se agregan altos niveles de emigración, en particular de jóvenes que procuran un mejor destino en el exterior.

El continuo envejecimiento poblacional sucede en un marco de muy baja tasa de productividad laboral, lo cual provoca que no sólo haya menos personas disponibles para sustentar a los ciudadanos no aptos para el trabajo, sino que también en un marco de improductividad generalizada. Además, el crecimiento de las personas en la tercera edad genera gastos adicionales en el cuidado de la salud y en otros aspectos, como hospitales y asilos de ancianos, así como la adaptación del entorno, en parques, aceras y centros de entretenimiento. Esto demanda inversiones y recursos de los cuales Cuba no dispone.

Países desarrollados poseen porcentajes muy altos de personas en la tercera edad, pero tienen altas tasas de productividad en la población activa y cuentan con recursos para enfrentar las demandas en inversiones. Al mismo tiempo, tienen la opción de abrir sus fronteras a fuerza de trabajo joven de otros lugares. Cuba carece de esas opciones, y ni siquiera la posibilidad de inmigración, como sucedía antes de 1959 cuando oleadas de extranjeros, fundamentalmente europeos, caribeños y asiáticos, llegaban en busca de un futuro mejor.

La estrategia que pretende seguir el gobierno planteada en el Punto 154 de “Disminuir la participación relativa del presupuesto del Estado en el financiamiento de la seguridad social…, por lo que es necesario seguir extendiendo la contribución de los trabajadores del sector estatal y la aplicación de regímenes especiales de contribución en el sector no estatal”, sólo contribuirá a paliar la situación, pero no a resolverla. Incluso es injusto obligar a los trabajadores por cuenta propia a contribuir a la seguridad social; esto debería ser voluntario, máxime cuando la historia -como apuntamos anteriormente- ha demostrado que las jubilaciones cobradas hoy están totalmente depreciadas, por debajo del valor de las contribuciones efectuadas, debido a las tasas de inflación acumuladas, lo cual podría repetirse en el futuro.

Tampoco parece una solución lo señalado en el Punto 155 relacionado con “Brindar particular atención al estudio e implementación de estrategias en todos los sectores de la sociedad para enfrentar los elevados niveles de envejecimiento de la población”. En términos reales no hace falta hacer muchos estudios, ya que la causa del problema del envejecimiento y todos los males que concita, se debe a los efectos de un sistema disfuncional que ha llevado el país en su conjunto al desastre, incluida la demografía.

Hasta que los cubanos no tengamos “lo que teníamos que tener” no se resolverá problema alguno.

Continuará…

La Habana, 22 de diciembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe

Economista y Periodista Independiente

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