CAMBIOS EN CUBA: POCOS, LIMITADOS Y TARDIOS (PARTE VI)

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨, Nelson Mandela

Sin precisar fecha alguna, en el Punto 9 del Proyecto de Lineamientos se señala “se desarrollarán mercados de aprovisionamiento que vendan a precios mayoristas y sin subsidios para el sistema empresarial y presupuestado, los cooperativistas, arrendadores, usufructuarios y trabajadores por cuenta propia”.

Esto es vital, pues mientras no exista un mercado mayorista será casi imposible el desarrollosano de la iniciativa individual, máxime con la impresionante carga impositiva establecida. Hasta tanto este mercado no aparezca, continuará desarrollándose la ilegalidad y, sobre todo, el robo de los recursos estatales, estimulado por el extendido descontrol existente y el miserable salario de los trabajadores. En las actuales circunstancias, hasta para hacer refrescos azucarados habrá que recurrir al mercado negro, pues el azúcar que se vende por el racionamiento no alcanza ni para el consumo del hogar -5 libras por persona al mes-. La ofertada en divisas, cuando aparece, tiene un precio equivalente a 25 pesos la libra refinada y 19 pesos la cruda. Por tanto, los precios de los refrescos y dulces serán muy elevados, como todos los productos y artículos comercializados por los cuentapropistas.

En la agricultura, las tiendas abiertas para la venta de herramientas e insumos tampoco constituyen una solución. Los precios son demasiado altos: una azada vale 115 pesos, un pico sin cabo 200 pesos, una pala 175 pesos, una barreta de 60” 240 pesos, un cubo de 12 litros 235 pesos, una cántara para leche 855 pesos, un rollo de alambre de púas 800 pesos, en un país donde el salario medio mensual es de 429 pesos. Mientras los campesinos tienen que entregar al Estado sus producciones, algunas totalmente (tabaco, café, leche, ganado vacuno para sacrificar…) y otras en un alto porcentaje, a los precios fijados por el Estado unilateralmente por debajo del mercado; con frecuentes largas demoras en los pagos y tradicionales deficiencias en la gestión de las empresas acopiadoras oficiales.

En los Lineamientos desde el Punto 11 al 24 se establecen las ideas referidas a la Esfera Empresarial, con concepciones que constituyeron las bases del Sistema de Perfeccionamiento Empresarial (SPE), desarrollado anteriormente en los centros laborales pertenecientes a las Fuerzas Armadas y que se ha tratado de aplicar en la vida civil sin mucho éxito desde Agosto de 1998.

El Sistema de Perfeccionamiento impulsado por las FAR, cuando fue implantado en su sistema empresarial resultó un paso positivo en la década de 1980. Una decisión acorde con la posición relativamente progresista que la FAR ha mantenido a lo largo de los años, en comparación con las concepciones retrógradas y fosilizadas tozudamente, prevalecientes para dirigir el resto de la sociedad cubana. Pero en las actuales condiciones, sus mecanismos de cierta flexibilización en la gestión empresarial, el otorgamiento de mayores facultades para tomar decisiones a los directores de empresas y acceso a superiores ventajas económicas a los trabajadores en función de su desempeño, son medidas insuficientes ante los colosales retos que enfrenta una nación asfixiada por una crisis económica, política y social indetenible.

Dada la acumulación de problemas en la economía y en un escenario más complejo y amplio que el militar, donde no existe la seriedad y la disciplina castrense y sin el aseguramiento de los abastecimientos logrados en las empresas de las FAR, resultan absolutamente limitados los esquemas del Sistema de Perfeccionamiento Empresarial. Esto ha quedado demostrado fehacientemente durante los años en que se ha tratado implantar en las entidades civiles. Ni siquiera se ha logrado que las empresas y unidades presupuestadas tengan, en un porciento aceptable, un mínimo requisito para poder administrarlas, como resulta poseer una contabilidad confiable, algo difícil de encontrar en Cuba. Así, en la última Comprobación Nacional al Control Interno llevada a cabo por la Contraloría Nacional, a mediados del primer semestre, más del 41,0% de las entidades controladas recibieron la calificación de deficiente o mal; incluso el 19,0% de las examinadas, involucradas en el SPE, también fueron catalogadas de idéntica forma.

En el epígrafe referido a la Esfera Empresarial existen puntos con elementos realistas, pero en un contexto en que se ratifica la prioridad de la planificación centralizada y se relega con énfasis el mercado. Por ello la materialización de esas ideas no pasan de constituir quimeras. En el Punto 16 explícitamente se subraya: “Las empresas estatales que muestren sostenidamente en sus balances financieros pérdidas, capital de trabajo insuficiente, que no puedan honrar con sus activos las obligaciones contraídas, o que obtengan resultados negativos en auditorias financieras, serán sometidas a un proceso de liquidación, cumpliendo con lo que se establezca al respecto”. Esto implica que se establecerán los mecanismos de bancarrota empresarial, lo cual posee una naturaleza lógica. En las condiciones cubanas, si esto se aplicara hoy, posiblemente habría que cerrar más del 50,0% de las empresas por los niveles de irrentabilidad presentes.

En cuanto la política de precios, en el Punto 23 se establece que bajo las orientaciones del organismo competente “las empresas aprobarán flexiblemente y con transparencia los precios de las producciones y servicios que ofrecen y podrán realizar rebajas cuando lo consideren necesario”. Habrá que ver como fijarán precios reales bajo el tutelaje del plan y sin considerar el mercado.

La sociedad necesita líneas de dirección de la economía para encaminar y dirigir los esfuerzos, pero no camisas de fuerza que imposibilite las iniciativas creadoras de las personas. El Estado en un marco regulado tiene muchas palancas para dirigir la economía. Están las políticas fiscales, de crédito, monetaria e incluso en ocasiones acciones administrativas, entre otras, sin tener que recurrir al dirigismo que no ha funcionado en ninguna parte, y sólo ha promovido enormes burocracias.

Igualmente se debe tratar de que en forma efectiva y no formal, como hasta ahora, los trabajadores participen en la gestión empresarial, para lo cual por supuesto se requieren verdaderos sindicatos, reales representantes de los trabajadores, hoy inexistentes en Cuba. La participación de los trabajadores en los beneficios y en las pérdidas de las empresas, como indica la experiencia en diversidad de países, puede ser un incentivo significativo para motivar la acertada gestión de las empresas.

Continuará… La Habana, 30 de noviembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe,
Economista y Periodista Independiente

CAMBIOS EN CUBA (parte 6).doc

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