Cambios en Cuba: Pocos, Limitados y Tardios (Parte IV)

Un sistema opresor no puede ser reformado.  Debe ser totalmente abandonado¨ –Nelson Mandela

El proyecto de Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista comienza con el señalamiento de que ¨es necesario realizar una valoración sobre el estado de la economía y los problemas a resolver, teniendo en cuenta los principales acontecimientos y circunstancias de orden externo e interno presentes desde el último congreso¨.

Desafortunadamente, como siempre, se enfatiza en la incidencia negativa externa, mencionándose los efectos de la crisis económica y el embargo de los Estados Unidos de América, sin mencionar que ese país es hoy el quinto socio comercial en bienes, el primer suministrador de alimentos, el líder indiscutible del envío de remesas –uno de los principales ingresos de divisas de Cuba-, y recientemente  una determinante fuente de visitantes  luego de la autorización de viajar a los cubano-americanos.

Se habla de los fenómenos climatológicos, las afectaciones de los ciclones, en especial de 2008, y períodos de sequía que causaron pérdidas fundamentalmente en la agricultura. Pero también se obvia que los daños ocasionados por los fenómenos climatológicos son mayores  por la destruida infraestructura, y muy especialmente por el calamitoso estado del fondo habitacional, debido a falta de reposición y mantenimiento, en un país donde para la población es una tragedia conseguir materiales de construcción.  Respecto a la sequía, se soslaya que el 58,0% del agua bombeada para el uso doméstico y fabril se pierde antes de llegar al consumidor por el pésimo estado de las tuberías y conductoras por donde circula, según informó recientemente el diario Granma.  En cuanto a los problemas de orden interno se dedican apenas dos renglones para justificar los problemas aduciendo la ¨baja eficiencia, descapitalización de la base productiva y la infraestructura, envejecimiento y estancamiento en el crecimiento poblacional¨.

Ciertamente, han existido problemas externos, como la mencionada crisis mundial, que afecta más a Cuba por la desvencijada situación de la economía y la anarquía imperante.   Sin embargo, es soslayado que el verdadero problema de la economía cubana radica en la tozuda aplicación de un modelo económico, político y social, que no ha funcionado en ningún país y mucho menos en Cuba donde a su disfuncionalidad se añade la probada y reconocida ignorancia de los gobernantes, quienes con su voluntarismo han provocado una sinergia destructiva.

Con este enmascaramiento, de nuevo se quiere marginar realidades trascendentales demostrativas hasta la saciedad de que las verdaderas raíces de las desgracias actuales no son fundamentalmente de carácter externo, sino internas. Hay que señalar cuestiones concretas, como  la demencial Ofensiva Revolucionaria de 1968, cuando se destruyó sin necesidad alguna  el tejido económico de la nación.  Sus daños se quieren reparar ahora, con un coartado proceso de ampliación del cuentapropismo, lleno de prohibiciones y limitaciones.

Si se desea buscar la verdadera esencia de los problemas cubanos, pueden hallarse en la destrucción de la agricultura que ha provocado una extraordinaria  dependencia de  alimentos importados, incluido  azúcar, café y otros muchos que antes la Isla exportaba, mientras, como reconocen los Lineamientos, “ …las tierras todavía ociosas,.. constituyen el 50 %…”. ¿Acaso podría culparse a factores externos de la metódica destrucción de la Industria Azucarera, la cual constituía desde el siglo XIX la espina dorsal de la economía cubana, devastada de forma absurda y voluntarista?

Cabría mencionar también el hecho triste de que hoy  no se tenga  bienes para exportar, y la relación entre exportaciones e importaciones sea de 1 a más de 3 dólares, lo cual genera colosales déficits comerciales y enormes tensiones en la Balanza de Pagos, situación que explica que el país carezca hasta de recursos financieros para reintegrar los fondos extranjeros en bancos nacionales y esté obligado a reducir drásticamente las importaciones hasta de productos esenciales, con dramáticas consecuencias para el funcionamiento de la economía y en particular para el ya muy deteriorado nivel de vida de la población. En esta coyuntura, sin tener casi opciones de obtener nuevos financiamientos por su falta de credibilidad, el régimen tendrá aparentemente como única opción continuar con la   exportación masiva de profesionales, en especial de la salud, a Venezuela. Cordón umbilical que pende de la permanencia en el poder del inepto presidente Hugo Chávez, quien también  conduce su país al abismo.

Por otra parte, en el próximo congreso debería analizarse por qué hoy Cuba es más dependiente económicamente de factores externos que en 1959, cuando precisamente la revolución tenía como objetivo el fortalecimiento de la soberanía y la independencia económica. También discutirse lo motivos que provocan que haya que despedir a 1 300 000 trabajadores, después de más de 50 años de “socialismo”; por qué pasado esos decenios un cubano no se pueda ganar dignamente la vida con el salario, resultado de su trabajo, como  ha reconocido hasta el presidente Raúl Castro; por qué un trabajador al final de su vida laboral no puede vivir con una pensión decente, sino el equivalente oficial a 12 dólares promedio mensuales.

El congreso debería debatir el penoso hecho de que un significativo porcentaje de la población  viva gracias a las remesas, procedentes del país enemigo, obligados a subsistir por la caridad familiar.   En lugar de aducir justificaciones externas, debería preguntarse por qué la población es empujada al delito, y hoy nuestro país figura entre los poseedores de uno de los más elevados índices de población penal por número de habitantes, según la ONU y prestigiosas revistas económicas internacionales.  En fin, por qué alrededor del 20,0% de los cubanos se ha marchado y un porcentaje muy superior quiere hacer lo mismo, fundamentalmente los jóvenes, ya que no vislumbran ningún futuro en la Cuba que pensábamos en 1959 sería un lugar  próspero y feliz.

Los serios problemas de Cuba no tienen sus raíces en el extranjero.   ¨La baja eficiencia, la descapitalización de la base productiva y de infraestructura, envejecimiento y estancamiento en el crecimiento poblacional¨, entre otros muchos males, son las consecuencias de un modelo imposible de actualizar.   Debe ser sustituido totalmente.

Continuará…

La Habana, 23 de noviembre de 2010

Oscar Espinosa Chepe, Economista y periodista independiente.

http://www.reconciliacioncubana.com

 

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